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2 METROS DE ÉTICA

A la edad de 9 o 10 años, todos los niños que hayan pasado por sus etapas escolares han aprendido las nociones básicas sobre distancias, unidades de longitud, metros o pulgadas. Igual se aprende a sumar, restar y dividir en dicho periodo. Al principio puede resultar dificultoso memorizar y entender, pero luego algo tan básico se vuelve prácticamente inherente, útil y no menos indispensable para la vida diaria.

En la adultez, cada persona puede calcular, y a ojo, una distancia corta. Es decir, 1 metro, 2 metros o 6 metros se convierte en una tarea muy sencilla de descifrar, generalmente, sin la necesidad de artefactos métricos.

Entonces, ¿qué necesita la sociedad para comprender, por ejemplo, unas sugerencias sanitarias para evitar cualquier contagio? Encontrarse a la gente en la calle aglomerada, sin una distancia de seguridad recomendada temporalmente y ajena a lo que ello acarrea, es sin duda un auténtico despropósito.

Por esto hay que plantearse, una y mil veces más, de qué sirven los estudios básicos, universitarios o superiores cuando existe la evidente ausencia de ética y consideración. Alardear de un título o cualquier otra acreditación, no tiene validez alguna si se vive incivilizada y mediocremente.

Se quiere que los hijos sean correctos cuando sus padres no dan ejemplo propio de corrección. Se quiere que un médico, abogado o economista despunte en su profesión, pero en sus labores deja bastante que desear. Se quiere políticos honestos y que den la talla, sin embargo, tienden a obrar corruptamente o defendiendo solamente sus intereses egocentristas.

¿Qué más tiene que suceder para que las sociedades se den cuenta que sirve de muy poco una preparación si se carece de la excelencia? Todavía existe gente que cree en esa “trampa del ego”. Estudiar y capacitarse es insustancial cuando no se practica la ética, la humanidad ni la mencionada excelencia en lo que se obra.

Es muy sencillo calcular 2 metros de distancia, sin embargo, prepararse para medir “2 metros de ética” puede significar restaurar los sistemas educativos actuales y desde sus cimientos.

Si se continúa pensando que esta sociedad va a cambiar con base al mismo modo de estudios que se ha elaborado hasta ahora, sobrarán profesionales incompetentes y llenos de la mezquina rivalidad. Dime cómo actúas y te diré cómo eres, es simple cavilar en esta reflexión.

No cabe duda que la mediocridad en las acciones es un mal generalizado, no importa si se es titulado o analfabeto. Por otro lado, ser excelente en lo que se vive u obra requiere de una paciente y apremiante preparación.

No se trata de ser perfecto, sino adecuado y responsable en lo que se ejecuta. De otro modo el mundo continuará cometiendo los mismos errores, vivirá sin esencial éxito y pese a las alarmas que están procurando despertarlo.

 

David Valentín Torres

Escritor e investigador

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