En Radio Faro, Roberto Abelleira, coordinador de Trib-Arte, y Siria Sánchez, educadora, explicaron el proyecto LGTBIQ+RV, una iniciativa financiada por el Gobierno de Canarias que utiliza realidad virtual y vídeo 360º para trabajar en los centros educativos la empatía, la identificación del acoso y la respuesta activa ante la LGTBIQfobia. Señalaron que el proyecto nace de una realidad que ven “día a día” en las aulas y de una demanda del propio profesorado, y aportaron datos preocupantes: más del 42% del colectivo LGTBI habría sufrido odio LGTBIfóbico y estas situaciones, indicaron, se han incrementado recientemente, a menudo con impunidad por falta de detección o por normalización.

Siria destacó que en los talleres el alumnado se implicó mucho porque se generó un espacio seguro y de confianza, donde pudieron expresarse y debatir. La realidad virtual les permitió vivenciar la complejidad de dinámicas que ocurren en el entorno escolar, como la transfobia, no solo recibir información. Ambos insistieron en la necesidad de una intervención preventiva y sostenida, y no “charlas de un día”, porque el acoso y los prejuicios “ocurren un día sí y otro también” y, si no se enseñan herramientas para detectarlo y afrontarlo, se perpetúa el silencio.
Uno de los momentos más reveladores fue una dinámica anónima en la que el alumnado expresó qué les limita para mostrarse como son: la palabra que apareció con más fuerza fue “miedo” (miedo al qué dirán, a la familia, al entorno, a condicionantes religiosos y culturales). Para Trib-Arte, que esa palabra sea central evidencia que todavía faltan espacios seguros y acompañamiento real para que los jóvenes puedan vivir su identidad con libertad.
Sobre cómo funciona la experiencia inmersiva, explicaron que grabaron una escena desde tres perspectivas: la de quien agrede, la de la víctima y la del observador pasivo. Al ponerse las gafas, el alumnado “entra” en cada rol, lo que provoca impacto, reflexión y debate sobre cómo reaccionar si le pasa a un amigo, cómo posicionarse y cómo identificar el acoso. Según la evaluación final, el proyecto logró un aumento de empatía, claridad conceptual y compromiso proactivo, además de más conocimiento sobre términos vinculados a la diversidad afectivo-sexual.
En esta edición también trabajaron con el profesorado (dos sesiones con alrededor de 25 docentes) para compartir la realidad detectada en el aula, contrastarla con las dificultades del sistema y buscar alternativas: sobre todo, clarificar a quién acudir y cómo generar circuitos de apoyo dentro del centro. Para las familias, prepararon un dosier informativo con pautas y herramientas, disponible en su web, y añadieron recursos interactivos donde incluso se puede elegir el final de una historia según las decisiones tomadas.
El proyecto se desarrolló en cinco municipios (Las Palmas de G.C, Telde, Agüimes, Santa Brígida y San Mateo), llegando a más de 408 estudiantes en seis centros. También observaron matices entre entornos: en algunos contextos urbanos pesaba más el “qué dirán” del grupo de iguales, mientras que en otros municipios aparecían con más fuerza condicionantes familiares y religiosos, aunque el miedo estaba presente en todos. Finalmente, indicaron que la iniciativa termina el 31 de enero y pidieron apoyo para darle continuidad mediante nuevas convocatorias o alianzas públicas/privadas, subrayando su carácter preventivo y de impacto social.
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