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El rincón de Quore:“Vivir en modo alerta te roba la vida y desconectarte de lo que sientes también es supervivencia”

En su espacio “El Rincón de Quore” en El Batiburrillo, la psicóloga Joselyn Herrera explicó que vivir en estado de alerta no es “ser precavido”, sino tener cuerpo y mente funcionando como si hubiera peligro constante, buscando protegerse ante un posible daño, dolor o inseguridad. Dentro de ese patrón aparece la hipervigilancia, una atención extrema a todo: gestos, tonos, palabras, detalles… con el objetivo de adelantarse a algo negativo. El resultado, según Herrera, es claro: agotamiento, tensión, insomnio, molestias físicas (dolor de cabeza, estómago) y, sobre todo, incapacidad para disfrutar del presente.

Herrera diferenció la hipervigilancia de la ansiedad: la ansiedad es una emoción, pero la hipervigilancia es un modo de funcionamiento del sistema nervioso que se activa cuando durante mucho tiempo el cuerpo ha “aprendido” que no está seguro. Por eso, incluso cuando aparentemente “todo va bien” (trabajo, pareja, estabilidad), la mente sigue lanzando mensajes de amenaza: “te van a despedir”, “te van a engañar”, “algo va a salir mal”. Y muchas veces, explicó, este estado nace de heridas emocionales y de experiencias previas de abandono, inseguridad o conflictos continuados, que dejan a la persona anticipando pérdidas y reaccionando como si el daño fuese inminente.

La psicóloga abordó también la otra cara del mismo mecanismo: la desconexión emocional. Aclaró que no es “ser frío” ni no tener emociones; es un bloqueo o “anestesia” que el cuerpo activa cuando ha sostenido el sufrimiento durante demasiado tiempo. La persona siente un vacío, confusión (“no sé si es tristeza o enfado”), y funciona “en automático” para no sufrir más. En relaciones, se traduce en frases como “no creo en el amor”, “no me puedo enamorar”, “los amigos no existen”, porque el sistema se protege para evitar volver a ser herido. Herrera explicó que, a menudo, la desconexión aparece como “segunda fase”: primeros años de hipervigilancia y después el cansancio que lleva al apagón emocional.

Como mensaje final, Joselyn Herrera subrayó que es reversible, pero requiere proceso: ir poco a poco, aprender a escuchar el cuerpo, construir lugares y vínculos seguros, y sobre todo poner límites cuando algo o alguien hace daño. Advirtió que normalizar el malestar (“ya se me pasará”) puede cronificar la situación y derivar en problemas mayores. Cerró animando a las personas que se sienten apagadas por dentro a quererse, respetarse y mirarse por dentro, porque “no hay nada ni nadie que valga más que tú”, y recordó que se puede contactar con ella en Centro Quore, en el CC La Marea (Arguineguin), primera planta y en redes como Centro Quore.

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