En su intervención en El Batiburrillo, la osteópata María Corbacho puso el foco en cómo muchas personas se quedan atrapadas durante años en experiencias del pasado, instaladas en la autocompasión y el “R que R”, lo que termina agotando a la propia persona y también a su entorno. Señala que la empatía es necesaria, pero que incluso la empatía tiene límites cuando no existe voluntad o impulso de cambio.
María defiende “abrir la mente” y entender que no todo es mental: las emociones impactan directamente en el cuerpo. Explica que, según el tipo de disgusto, pueden aparecer síntomas físicos distintos (digestiones pesadas, tensión alta, insomnio, dolores de cabeza…), y que el cuerpo registra el dolor y el estrés, no solo la mente. Habla de la importancia de responder desde la calma, porque vivir desde el grito, el nerviosismo y el drama acaba debilitando el sistema nervioso y pasando factura física.
También advierte de que hay personas que se mantienen en el rol de víctima o en la búsqueda de atención, y otras que son directamente egoístas o “narcisistas”, que no quieren cambiar y pretenden que el entorno les sostenga indefinidamente. En esos casos, recomienda poner límites y cuidar la propia salud: si el otro no quiere responsabilizarse, uno también tiene derecho a decidir cuánto espacio le da en su vida.
En clave práctica, comparte ideas para fortalecer el “impulso” emocional: relaciona los pies con el avance en la vida y sugiere ejercicios sencillos como caminar de puntillas o con el talón para activar puntos nerviosos y reforzar esa sensación de empuje. Además, comenta cómo ciertos dolores intensos —especialmente familiares— pueden reflejarse en el cuerpo, poniendo ejemplos vinculados a la reflexología y a la necesidad de “sanar de raíz” para que el dolor no se quede como cicatriz emocional.
Finalmente, aborda el papel de la educación emocional en casa: advierte de que hacer a niños y adolescentes partícipes de problemas de adultos puede debilitarles y afectar a su carácter, y defiende recuperar la autoridad bien entendida (jerarquía y límites) para criar personas con herramientas, tolerancia a la frustración y capacidad real de vivir en sociedad. Cierra recordando que el mejor ejemplo es un adulto que se trabaja, se calma y gestiona desde la serenidad.
María Corbacho facilitó su contacto para quien necesite orientación: 692 535 201.
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