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Cuando el deporte base estorba en Maspalomas, es que algo va muy mal

El post que circula en redes sobre lo que está ocurriendo con el C.D. Tablero no es una simple queja. Es un síntoma. Un aviso claro de que la gestión deportiva en San Bartolomé de Tirajana está perdiendo el norte: cuando un club de cantera tiene que abandonar su campo, mover niños, materiales, entrenadores y familias “porque toca”, para que otro equipo juegue o entrene allí, lo que se está diciendo a gritos es que el deporte base vale menos.

Y eso no es un detalle menor. Es una forma de entender la política deportiva: primero el escaparate, luego los niños.

El deporte municipal no puede funcionar como un tablero de favores, improvisaciones y decisiones tomadas desde un despacho sin medir el daño real. Porque el daño existe: críos que pierden entrenamientos, partidos “en casa” que dejan de serlo, familias que tienen que reorganizar horarios, transporte y logística, y un club que siente -con razón- que lo están arrinconando en su propia casa.

Aquí hay una pregunta incómoda que el Ayuntamiento debe responder con hechos, no con frases hechas:
¿Por qué se está priorizando a un equipo concreto a costa del club que sostiene la base en el barrio?

Se repite mucho eso de que “los campos son del Ayuntamiento”. Correcto. Pero conviene completarlo: son del Ayuntamiento porque son públicos, es decir, son de la gente. Y si son de la gente, el criterio no puede ser “quién tiene más categoría” o “quién interesa más”, sino quién cumple una función social y formativa más esencial. Y no hay función más esencial en el deporte que la de un club que trabaja con menores, que educa, estructura barrio, crea hábitos saludables y construye comunidad.

Decirles a padres y madres “si quieren entrenar, búsquense la vida” es una falta de respeto institucional. Y a los niños, todavía peor: porque no son piezas que se cambian de sitio según convenga. Son menores. Necesitan estabilidad, rutina, seguridad, condiciones dignas. Si el Ayuntamiento no lo entiende, entonces el problema no es de horarios: es de enfoque.

Además, este tipo de decisiones suelen venir con el mismo patrón: cero planificación y cero transparencia. ¿Dónde está el calendario público de usos? ¿Con qué criterios se asignan instalaciones? ¿Qué compromisos se han firmado? ¿Qué alternativas reales se han buscado para no perjudicar al Tablero? ¿Quién decidió que la solución para uno debía ser el problema del otro?

La gestión deportiva seria se nota cuando hay:

Programación anual y acuerdos claros

Prioridad explícita al deporte base

Criterios públicos, medibles y justos

Soluciones logísticas para competir sin expulsar a nadie

Respeto a los clubes que cuidan las instalaciones y sostienen el día a día

Lo contrario es lo que denuncia este post: improvisación, imposición y una sensación de que “si protestas, te aguantas”.

La concejalía de Deportes tiene la obligación de intervenir ya, no para “apagar el fuego” con una reunión rápida, sino para rectificar y poner reglas claras. Si el problema es de espacios, se buscan espacios. Si es de horarios, se negocian horarios. Si es de logística, se habilitan recursos. Pero lo que no es admisible es que la salida fácil sea desplazar siempre al mismo: al club pequeño, al barrio, a la cantera.

Porque cuando un municipio presume de instalaciones y de deporte, pero en la práctica maltrata al deporte base, lo que está construyendo no es futuro: es fachada.

Y una fachada, tarde o temprano, se cae.

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