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José Rodríguez: “Esta borrasca ha sido una bendición para el campo canario y ahora toca hacer una gestión responsable del agua”

El presidente de la Heredad Acequia Alta de Sardina, José Rodríguez, realizó en Radio Faro un análisis extenso y muy didáctico sobre lo que supone para Gran Canaria el llenado de las presas tras el paso de la borrasca. Su primera idea fue clara: lo ocurrido en la isla representa una auténtica bendición para el campo y para Canarias, después de 16 años arrastrando sequía y emergencia hídrica. Aun así, insistió en que este alivio no puede llevar a la relajación, porque ahora lo importante es gestionar bien el agua almacenada y no repetir errores del pasado. Recordó que en 2010 hubo un episodio de llenado importante en alguna presa, pero nunca algo tan generalizado como lo que se está viendo ahora en Gran Canaria.

Rodríguez fue contundente al asegurar que no recuerda, ni él ni las personas mayores con las que ha hablado, un episodio de lluvias tan persistente, tan extendido y con tantas borrascas encadenadas en tan poco tiempo. Explicó que solo se habla como referencia histórica de episodios muy antiguos, como el de 1956, pero que lo ocurrido ahora no tiene comparación reciente. En su opinión, todo esto apunta a una nueva realidad climática en la que el comportamiento del tiempo es cada vez más imprevisible. De hecho, subrayó que ni siquiera la propia previsión meteorológica esperaba un invierno tan lluvioso como el que finalmente se ha dado, lo que le lleva a relacionar lo sucedido con los efectos del cambio climático y con una posible “tropicalización” del clima canario.

A pesar de la alegría por ver las presas llenas, José Rodríguez no dejó de lado la parte más dura del temporal. Señaló que, aunque no ha habido desgracias personales, sí se han producido muchos daños materiales y todavía quedan consecuencias por aflorar cuando la situación se estabilice. En ese sentido, puso en valor la labor de su compañero Juan, que, según relató, ha estado constantemente vigilando la presa, alertando del peligro a quienes querían acercarse y actuando casi como un dispositivo de emergencias improvisado. También explicó que, desde Sardina, él mismo estuvo coordinando avisos para evitar que la gente bajara al barranco y preocupándose especialmente por pastores, animales y vecinos que viven en el barranco de Tirajana, algunos de los cuales permanecen incomunicados mientras baja el caudal.

Sobre la afirmación de que esta entrada de agua puede garantizar recursos para tres o cuatro años, Rodríguez se mostró prudente pero razonablemente optimista. Aseguró que sí puede haber agua para al menos tres años, siempre que se administre bien, porque el agua solo dura si se gestiona con cabeza. Explicó que tanto en Sardina como en Aldea Blanca ya han llegado a acuerdos para controlar los caudales y seguir mezclando el agua de presa con la desalada, en vez de consumir solo la embalsada. A su juicio, esa combinación es clave para alargar el recurso en el tiempo, no olvidar el papel que han jugado las desaladoras durante estos años de sequía y evitar que infraestructuras esenciales se queden sin uso o se deterioren.

Rodríguez insistió varias veces en que esta situación supone una noticia histórica para la isla desde el punto de vista hídrico. Recordó que la presa que gestiona, culminada en 1975, solo ha tenido seis llenos en más de cincuenta años, y que este último llega tras casi dieciséis años sin un episodio similar. Aun así, dejó claro que el agua nunca sobra: el consumo agrícola, el consumo humano y la evaporación en veranos cada vez más largos obligan a actuar con mucha responsabilidad. Explicó además que no toda el agua caída podrá aprovecharse directamente, y defendió que los alivios de las presas son una medida de seguridad imprescindible para proteger la estructura de los embalses, aunque socialmente cueste entender que parte del agua acabe camino del mar.

En el plano agrícola, detalló que esta agua beneficiará de forma directa a amplias zonas del sureste, desde Sardina hasta Bahía de Formas, pasando por Aldea Blanca, La Negra y otros terrenos de cultivo donde se producen tomates, plataneras, calabacines, pimientos, papayos o millo. Subrayó que este llenado supone un respiro económico enorme para el sector primario, porque pasar de pagar el agua a precios muy altos derivados de la desalación a disponer de agua de presa abarata muchísimo los costes de producción. Afirmó que la diferencia es “abismal” y que, además, la calidad del agua embalsada es muy buena para los cultivos, aunque lo ideal siga siendo mezclarla con otras fuentes para optimizarla.

Preguntado por las infraestructuras, defendió que Gran Canaria sí dispone de una red importante de presas y capacidad de almacenamiento, aunque no todos los lugares son aptos para construir nuevos embalses. Recordó que la isla cuenta con más de un centenar de presas de distinto tamaño y puso como ejemplo la importancia estratégica de infraestructuras como Soria, cuya capacidad es muy superior a la de otras grandes presas de la isla. También aclaró conceptos para los oyentes, explicando que el aliviadero no es una decisión arbitraria para soltar agua, sino una parte esencial del diseño de la presa para impedir que el agua alcance la coronación y ponga en peligro toda la estructura.

Otro de los momentos más relevantes de la entrevista fue su defensa del papel que han jugado las desaladoras y del esfuerzo institucional realizado durante décadas para evitar que Gran Canaria reviviera escenas de escasez extrema. Rodríguez recordó las penurias de agua que se vivían en el sureste en décadas pasadas y elogió expresamente a Antonio Morales, Carmelo Ramírez y Juan Espino, a quienes señaló como grandes impulsores de la desalación en la comarca cuando la situación era muy crítica. A su juicio, aquellas decisiones permitieron que durante los últimos 16 años de sequía no faltara el agua en las casas ni se produjeran cortes graves de suministro. Defendió incluso que esas figuras merecen un homenaje público por el papel que desempeñaron en ese cambio histórico.

José Rodríguez también reclamó más educación sobre el agua en colegios y en la sociedad en general. Lamentó que muchos jóvenes no sepan de dónde viene el agua, cuánto cuesta gestionarla o qué problemas genera su mal uso. Defendió la necesidad de recuperar jornadas educativas y visitas a infraestructuras hidráulicas como heredades, depuradoras y desaladoras para enseñar a las nuevas generaciones el valor real del agua, del saneamiento y de la reutilización. A su juicio, vivir durante años con agua garantizada en casa ha hecho que parte de la población olvide lo que supone carecer de ella.

En la recta final de la entrevista, Rodríguez resumió el impacto emocional y productivo de esta borrasca con una idea muy poderosa: cambia la cara del campo y cambia la cara de los agricultores. Dijo que el verde, la seguridad hídrica y la posibilidad de planificar campañas con más tranquilidad devuelven esperanza al sector. Pero cerró con el mismo mensaje con el que abrió: ahora que hay agua, toca ser responsables, consumir con cabeza y no olvidar nunca lo mal que se ha pasado en los años de emergencia hídrica. Porque, como repitió varias veces, el agua hay que cuidarla más todavía cuando se tiene.

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