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EL MAPA DEL PODER EN GRAN CANARIA IV: Las alianzas se construyen antes de las urnas.

En los tres primeros capítulos de esta serie de artículos hemos recorrido tres dimensiones diferentes del nuevo mapa político de Gran Canaria. Primero fueron las estructuras Después, el territorio y finalmente, los liderazgos. 

Ahora aparece una cuarta y última pieza, menos visible pero probablemente decisiva para entender cómo puede terminar configurándose el escenario de 2027: las alianzas.

Porque en una isla políticamente fragmentada, el poder no depende únicamente de cuántos votos consiga cada organización. También depende de qué capacidad tenga cada una para convertir esos votos en acuerdos, de qué estructuras estén dispuestas a cooperar y de qué espacio político pueda ocupar cada formación cuando llegue el momento de negociar.

Pero conviene hacer una precisión; todavía no estamos ante una negociación de gobierno. Estamos ante algo anterior: la construcción de los espacios que, llegado el momento, podrán negociar. Los pactos de 2027 no están escritos, las candidaturas tampoco y algunas de las organizaciones que hoy aparecen separadas podrían mañana compartir espacio, mientras que otras que hoy cooperan podrían descubrir que sus intereses electorales son diferentes.

Por eso la pregunta de este capítulo no es quién pactará con quién. La pregunta es ¿Qué alianzas pueden llegar a ser posibles y qué tendría que transferir cada organización para hacerlas viables?

El PP: incrementar su implantación territorial

El Partido Popular parte de una estrategia que ya hemos visto en los capítulos anteriores, la de ampliar su implantación territorial y convertir liderazgos municipales en activos de dimensión insular. Y la incorporación de Onalia Bueno forma parte de esa lógica. 

Pero una estrategia de crecimiento territorial plantea también una cuestión sobre las alianzas. Cuanto más amplio es el espacio que pretende ocupar un partido, más necesario resulta definir qué lugar deja para otros actores.

En Gran Canaria, esa cuestión tiene una dificultad añadida: el PP compite por espacios electorales diferentes al mismo tiempo. Tiene que reforzar su posición propia, mantener su identidad y, al mismo tiempo, observar qué ocurre con los espacios municipalistas y nacionalistas que pueden terminar siendo relevantes en la configuración institucional.

Eso convierte cualquier futura negociación en un problema de equilibrio. Una alianza puede ampliar capacidad institucional, también puede obligar a hacer concesiones que afecten a la identidad propia. Y esa tensión será una de las cuestiones que habrá que observar durante el próximo ciclo.

Primero Canarias y Coalición Canaria: la construcción de un espacio

Si existe un punto del tablero donde la cuestión de las alianzas adquiere una dimensión especialmente evidente es en la relación entre Primero Canarias y Coalición Canaria. Ambas organizaciones exploran fórmulas de entendimiento y esa posibilidad introduce una variable nueva en la configuración del espacio nacionalista, pero nuevamente conviene distinguir entre cooperación y absorción.

Una alianza electoral no elimina necesariamente las diferencias entre las organizaciones. Puede permitir sumar estructuras, puede reducir la competencia entre candidaturas, puede facilitar una determinada estrategia territorial, pero también obliga a resolver cuestiones más complejas como liderazgo, reparto de espacios, identidad, programa y reconocimiento de las respectivas estructuras municipales.

El problema fundamental no es solamente cuántos dirigentes pueden sentarse alrededor de una misma mesa. E saber qué ocurre con los electorados que cada organización ha construido durante años. Porque dos estructuras pueden sumar sus dirigentes y no sumar exactamente a sus votantes. Ese principio de la transferencia, que ha recorrido toda esta serie, vuelve a aparecer.

El espacio de Nueva Canarias: conservar frente a reorganizar

La situación de Nueva Canarias es diferente. Mientras Primero Canarias intenta construir una nueva estructura sobre parte del espacio político anteriormente vinculado a NC, la organización que durante años tuvo una posición central en la política grancanaria necesita determinar cómo conservar su identidad y su implantación.

Aquí la figura de Antonio Morales vuelve a adquirir importancia. Su eventual continuidad o retirada no solo afecta a la composición de una candidatura, también puede influir sobre las posibilidades de reorganización del espacio. Si Morales continúa, Nueva Canarias dispondrá de una referencia política e institucional reconocible. Si no lo hace, la organización tendrá que demostrar que puede construir una nueva referencia sin perder el capital acumulado.

Pero hay algo más. Una eventual cooperación entre diferentes organizaciones del espacio nacionalista podría modificar las fronteras que durante años han separado a sus electorados. Y eso significa que NC tendrá que tomar decisiones no solo sobre sus candidatos, sino también sobre el espacio político que pretende ocupar.

El PSOE: la variable de la estabilidad

El PSOE afronta una ecuación diferente. Su posición no depende únicamente de recuperar o conservar determinados municipios, depende, también, depende de su capacidad para mantenerse como una organización reconocible en un escenario donde pueden multiplicarse las opciones electorales.

El desafío socialista tiene dos dimensiones. La primera es interna, renovar candidaturas y liderazgos. La segunda es externa, conservar suficiente capacidad de interlocución para que su posición institucional siga siendo relevante después de las elecciones.

La experiencia de Augusto Hidalgo en los ámbitos municipal e insular le proporciona una conexión entre ambos espacios. Pero la cuestión de fondo será más amplia. El PSOE tendrá que demostrar que su estructura territorial puede mantener una posición propia en un escenario donde nuevos actores pueden disputar parte del espacio que tradicionalmente ocupaban las formaciones consolidadas. Eso afectará también a sus posibles alianzas, porque negociar desde una posición propia no es lo mismo que negociar desde una posición condicionada por la necesidad de sumar.

Hasta ahora hemos hablado de las alianzas desde la perspectiva de las organizaciones insulares, pero buena parte de ellas se decidirán mucho más abajo.

En los municipios, Mogán ya ha mostrado cómo un liderazgo local puede incorporarse a una estructura de dimensión insular. San Bartolomé de Tirajana demuestra la importancia de la fragmentación y de los acuerdos entre actores locales. Santa Lucía plantea la cuestión de la transferencia de estructuras. Agüimes muestra el peso de una cultura municipalista e Ingenio reúne varios de esos elementos.

Por eso los acuerdos municipales no deben entenderse únicamente como asuntos locales. Pueden convertirse en piezas de negociación para el escenario insular. Esta es quizá la cuestión más importante. Cuando se habla de pactos electorales suele pensarse inmediatamente en una suma aritmética, pero la política no funciona únicamente así. Una alianza puede sumar votos y perder identidad. Puede sumar estructura y perder autonomía. Puede sumar dirigentes y generar conflictos internos. Puede reducir la competencia y, al mismo tiempo, provocar que parte del electorado busque otra alternativa.

Por eso el valor de una alianza no puede medirse únicamente por la suma de los resultados anteriores de sus integrantes. Hay que observar qué ocurre cuando esos electorados reciben una nueva oferta política. En otras palabras, la suma de dos organizaciones no equivale necesariamente a la suma de sus resultados electorales anteriores.

En este sentido, la reorganización de Nueva Canarias, la aparición de Primero Canarias y los contactos con Coalición Canaria han abierto una cuestión de mayor alcance. ¿Qué significa hoy el espacio nacionalista en Gran Canaria? Durante años, las fronteras entre organizaciones podían reconocerse con mayor claridad.

Ahora esas fronteras están en movimiento. Dirigentes que pertenecían a una formación forman parte de otra. Estructuras municipales que tenían una determinada adscripción han cambiado de espacio y organizaciones que durante años compitieron entre sí exploran fórmulas de cooperación.  Eso no significa que el espacio vaya necesariamente a unificarse. Puede ocurrir lo contrario, que la reorganización produzca una mayor fragmentación. Lo que sí puede afirmarse es que las fronteras anteriores ya no explican por completo el nuevo mapa.

Y ahí vuelve a aparecer la palabra que atraviesa esta serie de artículos: Transferencia. Transferencia de estructuras, de dirigentes, de electorados y, eventualmente, transferencia de espacios políticos.

La posible configuración de alianzas también obliga a observar las diferencias entre bloques. El PP parte de una lógica de expansión de su espacio propio. Primero Canarias parte de una lógica de reconstrucción y crecimiento desde estructuras municipales. Coalición Canaria busca reforzar su posición dentro del espacio nacionalista. Nueva Canarias intenta conservar un espacio construido durante años y el PSOE afronta la renovación desde una organización consolidada.

Cada uno tiene, por tanto, algo diferente que proteger y algo diferente que conseguir. Eso condicionará las posibles alianzas. No será suficiente con que dos organizaciones compartan determinados objetivos, tendrán que encontrar una fórmula para convivir dentro de un mismo proyecto sin perder aquello que consideran esencial.

Pero, mientras no se conozcan completamente los nombres que encabezarán las distintas opciones, cualquier mapa de alianzas permanece incompleto. Y ahí vuelve a aparecer Antonio Morales. Su decisión puede afectar a Nueva Canarias, pero también puede modificar la manera en que los demás partidos interpreten el espacio electoral. No porque una candidatura determine automáticamente un resultado, sino porque los nombres cambian las condiciones en las que se construyen las alianzas. 

Lo mismo ocurre con el resto de liderazgos. Onalia Bueno puede modificar la posición territorial del PP. Teodoro Sosa y Óscar Hernández pueden influir mucho en la capacidad organizativa de Primero Canarias. Los nuevos referentes de NC determinarán cómo se articula su espacio. El PSOE tendrá que definir sus propias referencias y Coalición Canaria tendrá que decidir hasta dónde llega su estrategia de cooperación. Todavía quedan muchas piezas por colocar.

La política grancanaria se encuentra, por tanto, en una fase previa a la batalla electoral. Todavía no sabemos cuáles serán todas las candidaturas. No sabemos qué acuerdos terminarán materializándose. No sabemos qué dirigentes permanecerán en sus organizaciones actuales y tampoco sabemos cómo responderá el electorado a la reorganización del mapa.

Pero sí puede observarse algo de forma más nítida; Las alianzas ya han empezado a construirse, aunque todavía no tengan forma de pacto. Se construyen en los municipios, en las estructuras, en los movimientos de dirigentes, en los acuerdos parciales, en las conversaciones entre organizaciones y también en las decisiones de quienes todavía no han decidido si quieren estar en la papeleta.

Por eso el poder insular no se construye únicamente con votos. Antes de los votos existe el territorio, las estructuras y los liderazgos. Y antes de que todo eso llegue a las urnas existe una pregunta que cada partido tendrá que responder:

¿Con quién está dispuesto a compartir el poder y qué está dispuesto a ceder para conseguirlo? Esa pregunta todavía no tiene respuesta, pero las condiciones para responderla ya se están construyendo.

Christopher Rodríguez

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