La osteópata María Corbacho, colaboradora habitual de El Batiburrillo, de Radio Faro , dedicó su última intervención a analizar cómo la violencia y los conflictos afectan a las personas, a las familias y a la convivencia social. Una conversación motivada por las imágenes de disturbios y enfrentamientos registradas durante las manifestaciones que se están produciendo en distintos países europeos.
Corbacho defendió el derecho de la ciudadanía a manifestarse, expresar su desacuerdo y reivindicar mejoras sociales, pero rechazó contundentemente cualquier forma de violencia como herramienta para conseguir esos objetivos.
La violencia no soluciona los problemas y deja heridas invisibles
Durante la conversación, María Corbacho insistió en que la violencia no solamente provoca daños materiales o lesiones físicas, sino que también puede dejar consecuencias emocionales profundas.
Explicó que detrás de los enfrentamientos pueden existir personas que experimentan miedo, angustia y recuerdos traumáticos que no siempre reciben atención pública.
Para la osteópata, la incapacidad para gestionar determinadas emociones y reaccionar de manera proporcionada también tiene repercusiones sobre el bienestar.
Rechazó especialmente la destrucción de bienes públicos y del patrimonio histórico durante las protestas, recordando que su reparación supone destinar recursos que podrían emplearse en educación, cultura y otros servicios necesarios para la sociedad.
En este sentido, defendió que las reivindicaciones legítimas no deben confundirse con las actuaciones violentas de determinados grupos.
Su experiencia durante la infancia en San Sebastián
Corbacho compartió recuerdos de su infancia en San Sebastián, donde vivió un contexto marcado por la violencia política y las amenazas.
Recordó que en algunas ocasiones las clases se suspendían o los alumnos tenían que regresar a sus hogares por avisos relacionados con posibles atentados.
También relató una experiencia cercana vivida por uno de sus hermanos y recordó cómo las tensiones políticas podían trasladarse incluso a las conversaciones entre compañeros de colegio.
Estas vivencias marcaron su percepción de las consecuencias que pueden tener la violencia y los enfrentamientos cuando terminan normalizándose en la vida cotidiana.
La colaboradora sostuvo que las experiencias vividas durante la infancia pueden influir en la manera en que una persona se relaciona con los demás durante su vida adulta.
La influencia del entorno familiar y la vulnerabilidad de los jóvenes
Otro de los asuntos abordados fue la relación entre el entorno familiar, la autoestima y la capacidad para tomar decisiones propias.
Corbacho considera que algunos jóvenes que atraviesan situaciones familiares difíciles o que carecen de apoyo emocional pueden ser especialmente vulnerables a la influencia de personas o grupos que buscan utilizarlos para sus intereses.
Compartió ejemplos de jóvenes que, según su experiencia, se vieron implicados en situaciones conflictivas después de atravesar problemas familiares o personales.
También recordó que la violencia puede aprenderse y reproducirse dentro del hogar, aunque destacó que las personas tienen capacidad para reflexionar sobre lo vivido, cambiar determinadas conductas y buscar formas de convivencia más saludables.
Para Corbacho, resulta fundamental que los jóvenes desarrollen una identidad propia, criterio personal y capacidad para reconocer cuándo una influencia puede perjudicarles.
Redes sociales: mucha conexión, pero también soledad
La osteópata y la presentadora reflexionaron sobre los cambios en las relaciones sociales y el uso de los teléfonos móviles.
Ambas expresaron su preocupación por la posibilidad de que algunos jóvenes, pese a mantenerse permanentemente conectados a través de las redes sociales, estén experimentando mayores dificultades para construir relaciones personales.
Corbacho vinculó esta situación con la necesidad de aceptación, la inseguridad y la falta de autoestima.
Explicó que algunas personas terminan aceptando opiniones o comportamientos con los que no están de acuerdo por miedo a ser rechazadas.
También criticó el exceso de apariencias que observa en las redes sociales, donde considera que muchas veces se proyectan imágenes alejadas de la realidad.
En su opinión, desarrollar pensamiento crítico y aprender a cuestionar lo que vemos o escuchamos resulta esencial para no dejarnos arrastrar por las opiniones de los demás.
Las heridas emocionales que pueden acompañarnos durante años
María Corbacho dedicó parte de su intervención a hablar de las secuelas que dejan las experiencias traumáticas.
Mencionó sentimientos como el miedo, la rabia, la frustración y el resentimiento, que pueden prolongarse durante años y condicionar las relaciones personales.
Considera que algunas personas continúan reviviendo conflictos del pasado hasta el punto de que esas experiencias afectan a su bienestar presente.
Como ejemplo, recordó una conversación con un comerciante que seguía hablando con profundo resentimiento sobre acontecimientos relacionados con una guerra vivida por generaciones anteriores.
La osteópata explicó que, en su opinión, es importante conocer la historia y aprender de ella, pero sin permitir que el odio heredado determine nuestras relaciones actuales.
También señaló que las experiencias de violencia dentro de las familias pueden dejar consecuencias que persisten en la vida adulta.
Aprender a poner límites sin recurrir a la agresividad
Una de las principales recomendaciones de Corbacho fue aprender a establecer límites personales.
Defendió que nadie está obligado a aceptar gritos, insultos o conversaciones agresivas para demostrar tolerancia.
Explicó que, cuando una discusión comienza a convertirse en un enfrentamiento personal, prefiere pedir a la otra persona que modere el tono o abandonar la conversación si no existe voluntad de dialogar.
En este contexto dejó uno de los mensajes más destacados de la entrevista: Tener desacuerdos no quiere decir ser enemigos.
Corbacho recordó que dos personas pueden mantener opiniones completamente diferentes y continuar relacionándose desde el respeto.
También insistió en la importancia de distinguir entre debatir sobre un asunto y atacar personalmente a quien piensa de otra manera.
Educación, valores y pensamiento crítico
La colaboradora diferenció entre adquirir conocimientos y desarrollar valores de convivencia.
En su opinión, una persona puede tener formación académica y, sin embargo, mostrar dificultades para respetar a los demás o gestionar los desacuerdos.
Defendió la importancia de educar desde edades tempranas en el respeto, la responsabilidad y la capacidad para escuchar.
También insistió en que comprender lo que se lee, analizar la información y desarrollar opiniones propias resulta fundamental en un contexto de creciente polarización.
La conversación terminó con una invitación a recuperar el debate constructivo, escuchar puntos de vista diferentes y aceptar la posibilidad de cambiar de opinión.
Para Corbacho, dialogar con alguien que piensa de otra manera puede resultar enriquecedor cuando ambas partes se muestran dispuestas a escuchar.
La relación entre las emociones y el bienestar
Aunque la conversación se centró principalmente en asuntos sociales, María Corbacho recordó que el estrés, la tensión emocional y las experiencias difíciles también pueden influir en cómo se encuentra una persona.
Se refirió a la importancia de prestar atención al sistema nervioso y a la necesidad de desarrollar recursos para gestionar mejor las emociones.
La osteópata, especializada en técnicas craneosacrales, adelantó que en una próxima intervención explicará los beneficios que atribuye a esta práctica.
Durante el programa también agradeció los mensajes recibidos de oyentes que aseguran haber encontrado útiles sus reflexiones para analizar sus propias experiencias desde otra perspectiva.
La intervención concluyó con una reflexión compartida: una sociedad democrática necesita ciudadanos capaces de defender sus ideas sin convertir cada diferencia de opinión en un enfrentamiento personal.
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