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MARCO AURELIO Y EL MUNICIPIO QUE IBA A SER (VI PARTE)

¿Dónde están las camas balinesas? El misterio de las diez camas que nunca llegaron a Meloneras

Después de cinco capítulos recorriendo “Marco Aurelio y el municipio que iba a ser”, nuestros lectores ya conocen la dinámica. Hemos buscado auditorios, los Premios Goya, un cerebro digital con más de sesenta ojos electrónicos y hasta un Maspalomas Arena de 25 millones de euros y 5.000 espectadores que debía sustituir al viejo Pabellón Víctor Miranda, aunque tres años después lo último que hemos encontrado allí son unas estupendas luminarias LED.

Pero este sexto capítulo trae una novedad. Esta vez no vamos a buscar algo que Marco Aurelio Pérez anunció y que, pasado el tiempo, resulta complicado encontrar. Vamos a buscar algo que sí existía, que estaba comprado, pagado y recepcionado por el Ayuntamiento, que permanecía almacenado en dependencias municipales (dicen que justo frente al despacho del alcalde….) y que, en algún momento del camino, desapareció.

No hablamos de un proyecto, de un render ni de otro PowerPoint municipal. Hablamos de algo que debería ser bastante más sencillo de localizar: diez camas balinesas.

Bienvenidos al capítulo más cómodo de Marco Aurelio y el municipio que iba a ser. Pónganse cómodos, si encuentran dónde tumbarse.

 

VEINTE CAMAS PARA MELONERAS

La historia comenzó antes de que Marco Aurelio Pérez regresara a la Alcaldía. En 2022, dentro de la renovación del mobiliario de las playas del municipio, se adquirieron hamacas, sombrillas, cortavientos y veinte camas dobles balinesas cubiertas, destinadas a la playa de Meloneras como experiencia piloto.

Las camas fueron adquiridas y recepcionadas. Por tanto, existían. No eran una infografía, una promesa electoral ni estaban pendientes de financiación europea. Para ponerlas en funcionamiento faltaba algo bastante menos espectacular: adaptar la regulación necesaria para establecer el precio del servicio.

Llegaron las elecciones de 2023, cambió el gobierno municipal y Marco Aurelio Pérez regresó a la Alcaldía en junio de ese año. Las veinte camas continuaron almacenadas esperando que alguien terminara los trámites necesarios para llevarlas finalmente hasta la playa de Meloneras.

Pasó 2023, pasó 2024 y llegó 2025. Cuando finalmente “alguien” comprobó el material ocurrió uno de esos pequeños milagros administrativos que convierten la gestión municipal en una fuente inagotable de argumentos para esta serie: de veinte camas quedaban diez.

Las otras diez habían desaparecido.

Dos años esperando para recorrer unos pocos kilómetros hasta Meloneras y, cuando alguien finalmente preguntó por ellas, resulta que la mitad ya había encontrado destino por su cuenta. Hay que reconocerlo: hay mobiliario municipal con más iniciativa que algunos concejales.

Veinte camas compradas. Diez desaparecidas. Y la playa de Meloneras todavía esperando.

DIEZ CAMAS CON VOCACIÓN VIAJERA

La situación sería casi cómica si no estuviéramos hablando de patrimonio adquirido con dinero público. Aquellas camas no desaparecieron de la playa, no se las llevó un temporal ni se perdieron entre miles de turistas. Sencillamente, nunca llegaron a estrenarse en Meloneras. Permanecían almacenadas en dependencias municipales, al parecer frente al despacho de Marco Aurelio (si ese que sus correligionarios dice que controla todo…sic),  y de allí desaparecieron diez.

Y una cama balinesa doble tampoco es exactamente un bolígrafo que alguien pueda introducir accidentalmente en el bolsillo después de una reunión. Una cama tiene ciertas dimensiones; diez camas empiezan a necesitar algo más de logística. Sin embargo, consiguieron desaparecer sin haber pisado siquiera la arena para la que habían sido adquiridas.

Quizá estemos ante el primer caso conocido de mobiliario público con movilidad autónoma. Primero tuvimos un cerebro digital y ahora descubrimos camas inteligentes capaces de abandonar por sí mismas unas dependencias municipales.

Maspalomas Smart Destination continúa sorprendiéndonos.

PRIMERO DESAPARECIERON LAS CAMAS; DESPUÉS, LAS EXPLICACIONES

El 6 de mayo de 2025, el concejal Samuel Henríquez llevó la desaparición al Pleno municipal y preguntó dónde estaban las diez camas balinesas. Días después presentó escritos ante la Policía Local y la Intervención municipal solicitando que se investigara lo sucedido.

Y aquí comienza la segunda parte del misterio. Ha pasado más de un año y no tenemos conocimiento público de que las camas hayan sido recuperadas ni de que se haya explicado el resultado de las actuaciones realizadas para averiguar qué ocurrió con ellas.

No necesitamos veinte preguntas. Bastarían tres respuestas: qué se investigó, qué resultado tuvo esa investigación y dónde están actualmente las camas.

Si fueron sustraídas, estamos hablando de patrimonio público; si fueron trasladadas, debería existir constancia de su destino; si se trató de un problema de inventario, tendría que ser sencillo aclararlo. Y si después de todo este tiempo nadie puede explicar cómo salieron de allí, el problema es bastante más serio que el propio valor de diez camas balinesas.

QUIZÁ ESTÉN MEJOR QUE NOSOTROS

Tampoco debemos precipitarnos. Que las camas no hayan aparecido públicamente no significa necesariamente que estén mal. Quizá alguna disfrute ahora de unas magníficas vistas, otra haya descubierto las ventajas de una piscina privada o, quién sabe, estén perfectamente almacenadas en otro lugar y mañana el Ayuntamiento nos sorprenda con una explicación razonable. Quizás…

No lo sabemos. Y precisamente ese es el problema.

No existe evidencia pública que permita afirmar que esas camas hayan terminado en el chalet de ningún concejal, trabajador municipal, amigo, conocido, primo, cuñado o compañero de pádel de nadie. Sería irresponsable afirmarlo.

Pero cuando desaparecen diez camas balinesas de dependencias municipales y más de un año después seguimos sin conocer públicamente dónde están ni qué resultado tuvieron las actuaciones realizadas para encontrarlas, queda demasiado espacio libre para la imaginación.

Y si algo hemos aprendido durante seis capítulos es que en San Bartolomé de Tirajana la imaginación siempre ha tenido muchísimo presupuesto.

Esperemos, al menos, que las camas estén bien. Y que tengan piscina…

YA TENÍAMOS TARIFA. SOLO FALTABAN LAS CAMAS

La historia todavía guardaba un último giro. En septiembre de 2025, apenas unos meses después de hacerse pública la desaparición, el Ayuntamiento aprobó definitivamente la modificación de los precios públicos de los servicios de playa y entre las nuevas prestaciones aparecieron precisamente las camas balinesas.

Precio: 15 euros al día.

La secuencia tiene mérito: las camas fueron compradas, faltaba adaptar la regulación para poder explotarlas, cambió el gobierno, transcurrieron aproximadamente dos años, desapareció la mitad, se hizo pública la situación, se solicitaron actuaciones para investigar lo ocurrido y finalmente conseguimos ponerles precio.

Ya teníamos tarifa. Solo faltaban las camas.

DEL POWERPOINT AL POLTERGEIST

Quizá las camas balinesas sean una de las mejores metáforas de toda esta serie. Durante cinco capítulos nuestro problema había sido encontrar cosas que algún día iban a existir: auditorios, grandes acontecimientos, tecnología o un Maspalomas Arena. Todo aparecía magníficamente en titulares y presentaciones y nosotros, pasado el tiempo, salíamos a buscarlo.

Con las camas el modelo se ha invertido. Esta vez no desapareció el proyecto; desapareció el objeto.

Habíamos conseguido superar el PowerPoint. Las camas existían, estaban compradas, pagadas, recepcionadas y almacenadas. Solo tenían que recorrer el último tramo hasta Meloneras y fue precisamente entonces cuando diez consiguieron hacer algo que muchos de los grandes proyectos protagonistas de esta serie todavía no han logrado: salir del almacén que al parecer estaba frente al despacho del alcalde.

El problema es que tomaron la dirección equivocada.

Hemos pasado del PowerPoint municipal al poltergeist administrativo: antes costaba que aparecieran los proyectos. Ahora desaparece hasta el mobiliario.

DIEZ CAMAS. NADA MÁS.

Esta vez no pedimos renders, financiación europea, 25 millones de euros ni un recinto para 5.000 espectadores. Pedimos algo bastante más sencillo: saber qué ocurrió con diez camas balinesas compradas con dinero público que estaban bajo custodia municipal.

Quizá mañana Marco Aurelio Pérez o alguien de su gobierno explique que aparecieron hace meses y que todo este misterio tiene una explicación perfectamente razonable. Ojalá.

Porque durante cinco capítulos de esta serie nos hemos preguntado cuándo llegarán las cosas que Marco Aurelio anunció.

Con las camas balinesas hemos avanzado tanto que la pregunta ya es otra:

¿A dónde se fueron las que ya teníamos?

Veinte compradas. Diez desaparecidas.

Y ni una sola llegó a Meloneras.

Continuará.

Siempre que no desaparezca también el próximo capítulo.

Digitalfarocanarias.com

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