El Palacio de Zurbano, en Madrid, se llenó de silencio, de nombres y de gratitud en el acto homenaje celebrado en memoria de Lucía Jiménez González, fundadora y presidenta de la Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo (ACAVITE) desde 2004, fallecida el 20 de diciembre de 2025 en Málaga. Un encuentro que no fue solo despedida: fue promesa colectiva de no olvidar y de sostener, con dignidad, la causa a la que Lucía entregó su vida.

Entre las autoridades presentes estuvo la viceconsejera de Derechos Humanos, Memoria y Convivencia, Arritxu Marañón, trasladando el reconocimiento institucional y el acompañamiento a la familia, amistades y al conjunto de víctimas a las que Lucía dedicó su trayectoria.
Una mujer que convirtió el dolor en compromiso
A lo largo del homenaje, se recordó a Lucía como periodista, docente y, sobre todo, como una mujer de “coraje sereno”: alguien que no aceptó el olvido como destino y que entendió la memoria como un acto de amor y de justicia. En el acto se subrayó que su historia personal marcada por la violencia del terrorismo y por las secuelas que atravesaron a su familia fue el motor de una vida dedicada a que las víctimas canarias, tantas veces lejos del foco, no quedaran atrás.

Lucía fue descrita como tenaz, sensible, trabajadora incansable, presente siempre “allí donde se la convocaba”: jornadas, congresos, encuentros, homenajes. Y también como alguien que, aun llevando dentro una herida profunda, supo sostener a otras personas con cercanía real, con escucha y con mano tendida.
Las voces que la nombraron, una por una
El homenaje estuvo tejido por intervenciones que dibujaron a Lucía desde distintos ángulos: el institucional, el asociativo y el íntimo.
Tomó la palabra un familiar directo su hermana, visiblemente emocionada, en nombre de la familia, agradeciendo el apoyo recibido y recordando el vacío que deja Lucía, así como su legado al frente de ACAVITE y el camino de dignidad que abrió para tantas víctimas canarias.
Se mencionó y agradeció expresamente la presencia y el trabajo de Don Juan Benito Valenciano, presidente de la Fundación Víctima del Terrorismo.
También fueron nombrados Don Florencio Domínguez, director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, y su papel en este encuentro de memoria.
Intervinieron o fueron citadas autoridades clave del Ministerio del Interior: Doña Susana Grisóstomo, subsecretaria del Ministerio del Interior, y Doña Montserrat Torja, directora general de la Oficina de Apoyo a Víctimas del Terrorismo.

Se reconoció la representación del movimiento asociativo y federativo con Don José Vargas, presidente de la Federación de Asociaciones Regionales de Víctimas del Terrorismo y presidente de la Asociación de Víctimas Catalanas de Organizaciones Terroristas.
Asimismo, se citó a María Teresa Ortiz Marín, vocal asesora de la Dirección General de Apoyo a Víctimas del Terrorismo.
Y, en un momento especialmente sentido, se tuvo un recuerdo de gratitud para Joaquín Vidal Ortega, figura a la que la familia señaló como guía y apoyo fundamental en la trayectoria de Lucía.
Otras intervenciones destacaron el valor de quienes “cuidan a los cuidadores”, recordando que las asociaciones no solo sostienen expedientes y reclamaciones: sostienen vidas. Y en ese sostén, Lucía fue referente.

Música, instituciones y un mismo compromiso
El acto incluyó un apartado musical y agradecimientos a quienes lo hicieron posible, con mención especial a la Orquesta de Radiotelevisión Española por su contribución artística y al equipo que facilitó la celebración del homenaje en el Palacio de Zurbano.
ACAVITE: una raíz en Canarias, un eco nacional
Se recordó, además, un hecho que habla de pertenencia y de territorio: ACAVITE está afincada en el municipio de San Bartolomé de Tirajana desde su fundación. No es un detalle menor. Porque desde esa Canarias a veces periférica para el debate estatal, Lucía levantó una voz clara: la de las víctimas que no aceptan desaparecer de la historia.

Un cariño especial para Fran Romero, marido y compañero
Y si hubo una presencia callada, pero profundamente sentida, fue la de Fran Romero, marido y compañero de Lucía. En homenajes como este, el dolor no se mide solo por la ausencia, sino por todo lo vivido al lado: las noches difíciles, los viajes, las reuniones, la carga invisible de sostener a quien sostiene a tantos.
A Fran, hoy le queda el respeto de quienes la admiraron y el abrazo colectivo de quienes aprendieron con Lucía que la memoria no es rencor: es dignidad. Que el amor también puede ser una forma de justicia. Y que seguir adelante, después de la pérdida, es otra manera, la más dura y la más valiente de continuar su legado.
La Asociación Canaria de Victimas del Terrorismo esta afincada en el municipio de San Bartolomé de Tirajana desde su fundación
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