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“El feminismo nació en las fábricas y aún sigue siendo necesario: la desinformación y el retroceso entre jóvenes preocupan en el 8M”

La analista Alba Hernández, en el espacio La Mirada Global dentro de El Batiburrillo, reflexionó sobre el significado del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, recordando que no se trata de una celebración simbólica, sino de una jornada para analizar las desigualdades estructurales que siguen afectando a las mujeres en todo el mundo.

Hernández explicó que el feminismo nació en las fábricas, en las huelgas y en las calles, durante la industrialización, cuando las mujeres sufrían condiciones laborales especialmente duras. Recordó además que la fecha del 8 de marzo está vinculada a la movilización de mujeres obreras rusas en 1917, que acabó provocando cambios políticos y contribuyó al reconocimiento de derechos como el voto femenino. La ONU no reconocería oficialmente esta jornada hasta más de 60 años después.

Durante el análisis también se abordó la politización del feminismo, señalando que hoy vuelve a ocurrir algo similar a lo sucedido en el pasado: el movimiento se utiliza en el debate político, mientras una parte de la sociedad intenta desacreditarlo. En ese contexto, Hernández alertó de un dato preocupante: ha descendido el número de jóvenes que se consideran feministas, lo que atribuyó en parte a la desinformación y a los discursos simplistas que circulan en redes sociales.

La analista defendió que las medidas específicas para las mujeres no son privilegios, sino herramientas para corregir desigualdades históricas. Explicó que la brecha de género no se limita a cobrar menos por el mismo trabajo, sino a las dificultades que siguen teniendo las mujeres para acceder a puestos mejor remunerados o de liderazgo, debido a factores estructurales como los cuidados familiares o la maternidad.

En la conversación también se recordó que hasta hace pocas décadas en España las mujeres no podían realizar acciones básicas sin autorización masculina, como abrir una cuenta bancaria, y que las víctimas de violencia machista apenas encontraban protección institucional.

La reflexión se amplió a la situación de las mujeres en otros países, especialmente en Oriente Medio y el norte de África, donde todavía existen fuertes restricciones sociales y legales. Hernández mencionó casos como Egipto, Arabia Saudí o Afganistán, donde las mujeres han sufrido limitaciones en su autonomía personal, presión social sobre su comportamiento o incluso la prohibición de estudiar o trabajar.

También denunció prácticas extremas como la mutilación genital femenina, los matrimonios forzados o el uso de la violencia sexual como arma de guerra, recordando que en muchos conflictos las mujeres sufren de forma específica las consecuencias de la guerra: desplazamientos, pobreza, violencia sexual o pérdida de acceso a servicios básicos.

Otro aspecto destacado fue la escasa presencia femenina en procesos de paz y puestos de poder, a pesar de que diversos estudios demuestran que cuando las mujeres participan en negociaciones de paz, los acuerdos son más duraderos y representativos de la sociedad.

Hernández concluyó señalando que, pese a los avances logrados, los desafíos siguen siendo numerosos, entre ellos la brecha salarial, la violencia de género, la baja representación en posiciones de liderazgo y la persistencia de normas culturales que siguen condicionando la vida de muchas mujeres.

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