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La Inmaculada Concepción

El día 8 de diciembre de cada año se celebra la festividad de la Inmaculada Concepción, Patrona de España. Es una fecha memorable y de importancia tanto para este país como para el resto de lugares donde se rinde devoción a la Madre María en cualquiera de sus advocaciones.

Es de relevancia saber que con el nombre de la “Inmaculada Concepción” fue que la Virgen María se anunció a Santa Bernadette Soubirous en las apariciones de Lourdes por el año 1858, las cuales la autoridad eclesiástica verificó y autentificó debido al gran número de milagros que han acontecido desde entonces en el santuario ubicado al sur de Francia.

La Inmaculada Concepción recibe este nombre gracias a la proclamación que le dio el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, cuatro años antes de las apariciones mencionadas a Bernadette y fecha desde la que se viene celebrando la festividad de esta Patrona.

La Inmaculada Concepción, según el dogma católico, es la Madre María que concibió a Jesús “libre de pecado”. Ontológicamente es el “Concepto Inmaculado”, la concepción más pura que se pueda albergar sobre cualquier cosa, situación o persona. Es concentrar la atención en lo bueno, sagrado y positivo sin cuestionamientos, críticas ni calificaciones humanas imperfectas o inarmónicas de ninguna especie. Tal y como hizo la Virgen María hacia Jesús durante su ministerio manteniendo todo asunto bello, puro y perfecto en lo que él realizaba hasta su Resurrección.

De esta manera y como sana costumbre, cada individuo debería cumplirlo en su vida cotidiana, en sus actividades, en sus situaciones y con sus semejantes.

Este “Concepto Inmaculado” consiste en mantener determinante y absolutamente la atención en la expresión perfecta de los asuntos y de lo que se lleve a cabo. Cada vez que un problema o una persona trate de distraer hacia lo negativo, a lo externo, a lo efímero o discordante, fugazmente se debe centrar y magnificar lo bueno sin que las condiciones humanas puedan perturbar o provocar la más mínima desavenencia.

Ante cualquier mala creación, situación desagradable o persona negativa, hay que quitarle poder con la concepción pura y positiva requerida. Esto es lo que viene a significar “la Concepción Inmaculada” en un sentido profundo y místico.

Hacia el año 1678 el artista sevillano del barroquismo, Bartolomé Esteban Murillo, pintó sobre lienzo una de las representaciones de la Inmaculada Concepción más bellas que se conozcan. El cuadro se expone actualmente en el Museo del Prado de Madrid en un lienzo de 274 por 190 centímetros y que estremece por su majestuosidad.

El espacio del lienzo lo protagoniza la apoteósica figura de la Virgen María que aparece en un movimiento ascensional iniciado desde una peana de pequeños ángeles querubines que revolotean a su alrededor. El rostro de la Virgen es gloriosamente admirable, con sus ojos vueltos hacia lo alto y con sus manos entrelazadas a la altura del corazón destacándose, sutilmente, tres de sus dedos representativos de la Trinidad.

En la vida hay que tener una visión positiva de la gente y de lo que sucede, tratar de sacar lo mejor de las cosas. De esta forma la convivencia entre todos será más llevadera y edificante.

David Valentín Torres

Escritor e investigador

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