En Santa Lucía de Tirajana ya no basta con ganar un pleno o imponer una mayoría política. Ahora también hay que ganar la narrativa. Y en esa guerra del relato han aparecido actores que muchos vecinos, profesionales y hasta cargos públicos empiezan a señalar como “seudo medios”: plataformas que se presentan como informativas pero que funcionan más como trincheras políticas que como espacios periodísticos.
No es una cuestión menor. Cuando la información pierde rigor y se convierte en arma, quien pierde siempre es la ciudadanía.
Del periodismo local al altavoz político
El municipio ha vivido meses de tensión política constante: acusaciones de transfuguismo, rupturas internas, declaraciones cruzadas y una polarización creciente entre bloques. Ese clima ha generado un terreno perfecto para que surjan páginas, perfiles y canales digitales que publican contenidos sin contraste, sin firma clara y, en muchos casos, sin responsabilidad editorial.
No hablamos de pluralidad informativa —que siempre es sana—, sino de algo diferente: contenidos que mezclan opinión, ataque personal y propaganda bajo apariencia de noticia. Titulares incendiarios, vídeos descontextualizados y mensajes diseñados para alimentar la confrontación.
El problema no es que existan, sino cómo influyen
En un municipio donde la política se vive tan de cerca, el impacto de estos espacios es mayor que en grandes ciudades. Aquí las relaciones son personales, los nombres tienen rostro y cada publicación puede encender una polémica en cuestión de minutos.
El riesgo es evidente: cuando el vecino no sabe distinguir entre un medio profesional y una plataforma partidista, la confianza en toda la información local se resiente. Y eso termina debilitando también a quienes sí intentan hacer periodismo con responsabilidad.
La estrategia del desgaste permanente
Algunos actores políticos han encontrado en estos canales una herramienta eficaz para desgastar al adversario sin pasar por el filtro de preguntas incómodas o datos verificados. Se lanza una acusación, se viraliza en redes y, aunque luego no tenga recorrido institucional, el daño ya está hecho.
El resultado es un debate público más agresivo, menos constructivo y cada vez más alejado de los problemas reales del municipio: vivienda, empleo, servicios públicos o convivencia vecinal.
Libertad de expresión sí, manipulación no
Conviene decirlo claro: cualquier persona tiene derecho a opinar y crear un canal digital. La libertad de expresión es incuestionable. Pero otra cosa distinta es presentarse como medio informativo sin cumplir mínimos éticos ni profesionales.
Un medio no se define solo por publicar contenido, sino por cómo lo hace: verificando, contrastando y separando la información de la opinión. Cuando esos límites desaparecen, el periodismo se diluye y la propaganda gana terreno.
Un reto para Santa Lucía
Santa Lucía de Tirajana atraviesa un momento decisivo. La política local necesita menos ruido y más responsabilidad, también en el ámbito comunicativo. Porque cuando la información se convierte en campo de batalla, el ciudadano deja de ser protagonista y pasa a ser espectador de una pelea constante.
Tal vez la pregunta que debe hacerse el municipio no es quién grita más fuerte en redes, sino quién informa mejor. Y ahí, más que nunca, la credibilidad será el verdadero termómetro.
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