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UN DOMINGO DE JULIO “Dar la vuelta a la tortilla”

Hace unos días me encontré con un profesor que me trasladaba una situación que vivió en su centro y que había motivado la activación del protocolo recogido en el Plan de Igualdad del centro educativo. Sin entrar en el detalle de los hechos, sí me gustaría centrar estas líneas en la frustración con la que me relataba no solo lo ocurrido, sino, sobre todo, lo que escondía cada una de sus palabras: un fuerte regusto a desánimo y la sensación de que todo lo que se hace para la promoción de la igualdad no cala en la población más joven. Cada vez son más contundentes los datos que demuestran que existe un incipiente caldo de cultivo en el que el machismo va ganando terreno al sentido común y a la sensatez.

Sus palabras resonaron durante largo tiempo en mi cabeza y me hicieron reflexionar sobre el desafío que supone revertir esta situación, aunque siempre siendo conscientes de dónde partimos.

 

Son numerosos los estudios sociológicos que ponen sobre la mesa un preocupante aumento de hombres jóvenes que, en sus relaciones, sostienen roles de género tradicionales, que niegan la desigualdad y la violencia de género o que consideran prescindibles las políticas destinadas a promover la igualdad efectiva entre hombres y mujeres.

Los mismos datos arrojan una importante brecha de género con respecto a la conciencia sobre la violencia de género. Cada vez son más los hombres jóvenes que disminuyen su sensibilidad ante estas situaciones, mientras que entre las mujeres, aun siendo mayor esa conciencia, también crece el número de quienes muestran una mayor tolerancia frente al machismo.

 

Prácticamente la totalidad de los y las jóvenes reconoce en su entorno situaciones de violencia. Esto, unido a la proliferación de mensajes e ideologías que, bajo la bandera de la libertad de expresión, aprovechan para expandir —como una mancha de aceite en el agua— mensajes antifeministas y de apología del machismo, está contribuyendo a diluir los progresos y la sensibilización en materia de igualdad entre la juventud.

Teniendo en cuenta esta fotografía, es necesario cambiar el enfoque. Promover la igualdad desde otra mirada. Las reglas de la comunicación de masas han cambiado: la información, sea cierta o no, campa a sus anchas a través de circuitos informales en los que, sin filtros, se cuelan intencionadamente mensajes facilones que, a pesar de su tufo a NODO, a muchos y muchas les parecen de lo más atractivo.

 

En un momento en el que los algoritmos, queramos o no, definen lo que somos e incluso lo que pensamos, tal vez sea necesario eliminar la naftalina en blanco y negro del NODO y recurrir más a TikTok para afrontar este reto social.

 

El machismo y quienes lo defienden han sabido reciclarse y aprovechar estas rendijas para colar su mensaje pernicioso y nocivo. Mientras tanto, desde muchas administraciones públicas y organizaciones se continúa trabajando con las mismas dinámicas oxidadas de hace años: convenciendo a convencidos y convencidas, concienciando a concienciados y concienciadas, previniendo a prevenidos y prevenidas.

 

No podemos permanecer ajenos a que el 87 % de los y las jóvenes reconoce situaciones de violencia y desigualdad en su entorno. Es decir, la violencia y la desigualdad forman parte de su paisaje cotidiano, como la puerta del supermercado por la que pasan todos los días para ir al instituto, algo que han terminado normalizando.

 

Darle la vuelta a la tortilla no es tarea fácil; nadie ha dicho que lo sea. Lo que sí está claro es que las viejas recetas no funcionan, no llegan, y no nos podemos permitir que uno de los cimientos fundamentales sobre los que se vertebra la sociedad, como es la igualdad, se desmorone por no haber actuado a tiempo.

 

Un buen punto de partida: escuchar. Hablar el mismo idioma desde el respeto y a través de la simplificación del mensaje. Desde la empatía y la conciencia. Ir a su encuentro con humildad para, desde ahí, construir.

 

Hoy es 8 de marzo: un espacio para reflexionar y cambiar las formas. Si el machismo ha sabido adaptarse a los nuevos lenguajes, la igualdad no puede seguir hablando en blanco y negro. Hay que dar la vuelta a la tortilla.

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