La situación de las escuelas infantiles de Santa Lucía de Tirajana ha estallado públicamente tras el testimonio de varias familias afectadas que han decidido alzar la voz para denunciar una realidad que, aseguran, está afectando tanto a las educadoras como al bienestar de los menores. En Radio Faro, Claudia Melián y Tania Domínguez, madres de alumnado de la Escuela Infantil de Doctoral, expusieron una larga lista de problemas que, según afirman, se arrastran desde hace tiempo y que siguen sin resolverse.
Ambas madres dejaron claro desde el principio que su denuncia no parte de un enfrentamiento con las profesionales del centro, sino todo lo contrario: aseguran que las educadoras “son maravillosas”, que trabajan con vocación y que hacen todo lo posible por atender a los niños y niñas en unas condiciones que consideran cada vez más complicadas. Precisamente por eso, sostienen que la defensa de sus hijos pasa también por defender a quienes los cuidan cada día.
Uno de los principales focos de la queja se centra en un cambio organizativo implantado este curso, que las familias describen como un sistema de “triángulo” de horarios. Según explicaron, el curso pasado cada aula contaba con dos educadoras de referencia, lo que permitía una atención más estable durante toda la jornada. Sin embargo, este año se habría pasado a un modelo en el que hay una educadora titular y un apoyo puntual en momentos concretos, de manera que en la práctica muchas veces queda una sola educadora para atender a 17 o 18 menores de dos años, con lo que ello supone en un aula de 0 a 3 años, donde hay pañales, procesos de control de esfínteres y necesidades de atención constante.
Las madres relataron que este sistema ya se habría ensayado el año anterior en la Escuela Infantil de Los Llanos como prueba piloto, y que, pese a las críticas formuladas entonces por otras familias, el modelo se extendió posteriormente a Doctoral y El Canario. En su opinión, no está funcionando ni desde el punto de vista organizativo ni desde el pedagógico. Consideran que el problema no es solo de carga laboral para las trabajadoras, sino también de estabilidad emocional para los niños y niñas, que necesitan referencias claras, vínculos continuos y rutinas seguras en una etapa tan sensible del desarrollo.
Según explicaron, el impacto se nota especialmente a primera y última hora del día. Aunque la teoría que se les habría trasladado es que en esos tramos horarios hay menos volumen de menores y por eso puede funcionar un sistema con menos personal, las familias aseguran que la realidad no siempre responde a esa previsión. Señalan que en muchos momentos se acumulan bastantes niños y niñas y que no siempre se encuentran con su educadora de referencia al entrar en el aula, lo que provoca llantos, nerviosismo y una constante readaptación. En palabras de las madres, esa dinámica obliga a las profesionales a “apagar fuegos” continuamente y genera un clima de tensión que termina trasladándose también a los menores.
Las familias sostienen que el problema no es que las educadoras no respondan, sino que se les está exigiendo sostener el servicio en condiciones insuficientes. Defienden que hacen “lo mejor posible” con los medios que tienen, pero advierten de que cuando una profesional trabaja agobiada, desbordada o sin recursos suficientes, eso termina repercutiendo en la calidad del servicio y en el bienestar del alumnado. De hecho, señalaron que en esta etapa educativa hay procesos muy delicados, como la adaptación o el control de esfínteres, que se están viendo afectados por la falta de continuidad, los cambios constantes y la ausencia de figuras estables de referencia. Incluso apuntaron que algunos niños que ya habían avanzado en ese control habrían experimentado retrocesos a causa del estrés y de la inestabilidad que perciben en el entorno.
Las dos madres explicaron además que esta preocupación ha sido trasladada en varias ocasiones tanto a la dirección del centro como al Ayuntamiento. Aseguraron que muchas familias ya habían mantenido reuniones con la dirección desde el curso pasado, sin encontrar una respuesta satisfactoria. Posteriormente, con la llegada del nuevo concejal responsable del área, Mario Bordón, pudieron mantener una reunión en la que expusieron de nuevo toda la situación. Según relataron, el edil mostró una actitud receptiva, tomó nota de las demandas y escuchó las propuestas planteadas por las familias, reconociendo además que se había encontrado con una situación compleja al asumir las competencias.
En contraste, las madres señalaron que por parte de la dirección no han sentido una respuesta clara ni avances visibles. Aseguraron haber solicitado nuevas reuniones y haber mantenido una actitud transparente en todo momento, incluso informando de su intención de acudir a un medio de comunicación para visibilizar el problema. Insisten en que no buscan confrontación, sino soluciones, y subrayan que aunque sus hijos terminan etapa en julio, no quieren irse “mirando para otro lado”, sino dejar planteada una reivindicación que pueda mejorar la situación para el resto de familias y para quienes vengan después.
Entre las propuestas planteadas, defendieron la necesidad de reforzar los recursos humanos, estabilizar al personal y disponer de figuras de apoyo fijas o “comodines” dentro de cada escuela infantil, de forma que los niños conozcan a esas personas y no se produzcan rotaciones permanentes entre aulas o incluso entre centros. En la entrevista llegó a señalarse que algunas educadoras de apoyo pueden ser desplazadas de una escuela a otra en función de las necesidades, lo que aumenta todavía más la sensación de inestabilidad. También reclamaron fórmulas de participación similares a un consejo escolar, donde familias, educadoras y otros agentes puedan intervenir en decisiones importantes, especialmente en cuestiones pedagógicas y organizativas.
Otro de los asuntos denunciados fue el recorte del horario del servicio. Según explicaron, el curso pasado la franja de atención era más amplia y este año se habría reducido, pasando de abrir antes y cerrar más tarde a un horario de 7:15 a 16:30 horas, aproximadamente, lo que, según afirman, complica seriamente la conciliación de muchas familias trabajadoras, especialmente en un municipio donde buena parte del empleo está vinculado al sector servicios. A esto suman que la cuota ha subido, mientras que las familias no perciben una mejora equivalente ni en recursos humanos, ni en materiales, ni en infraestructuras. Muy al contrario, sostienen que la sensación general es que el servicio “va para atrás”.
Durante la entrevista también se abordó el marco más amplio en el que se insertan estas dificultades. Las madres recordaron que las escuelas infantiles dependen del Ayuntamiento, pero también están condicionadas por financiación procedente del Gobierno de Canarias. Aun así, subrayaron que esa complejidad administrativa no puede servir de excusa para dejar sin resolver una situación que afecta directamente a niños muy pequeños, a sus familias y a unas profesionales que, insisten, sostienen el sistema con enorme vocación y esfuerzo.
Claudia Melián y Tania Domínguez defendieron el valor de la educación infantil como base de todo el proceso educativo y reclamaron que se cuide de verdad tanto a los menores como a las educadoras. A su juicio, no se puede hablar de calidad si no hay estabilidad, si no se respetan los vínculos, si no se garantiza una atención adecuada en las rutinas básicas y si se obliga a las profesionales a trabajar permanentemente bajo presión. Por eso pidieron que se escuche a las educadoras, que se revise el actual modelo organizativo y que se tomen medidas urgentes para dignificar un servicio que consideran esencial para el municipio.
Las familias dejaron un mensaje claro: no quieren solo ser escuchadas, quieren soluciones. Y advierten de que lo que está en juego no es un detalle menor, sino el día a día de niños y niñas de 0 a 3 años en una etapa decisiva para su desarrollo, su seguridad emocional y su aprendizaje.
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