El estado de varias instalaciones deportivas de San Bartolomé de Tirajana vuelve a situarse en el centro del debate público. Vecinos, usuarios, familias y clubes denuncian desde hace tiempo una realidad que consideran insostenible: espacios pensados para fomentar el deporte, la convivencia y los hábitos de vida saludables presentan un deterioro evidente, falta de mantenimiento y una imagen que no se corresponde con la importancia social, deportiva y económica del municipio.

Campos de fútbol, canchas, vestuarios, gradas, cerramientos, zonas comunes y equipamientos básicos muestran señales claras de abandono. Humedades, desperfectos, falta de limpieza, material deteriorado, iluminación deficiente y espacios que no reúnen las condiciones adecuadas son algunas de las situaciones que se repiten en distintas zonas del municipio.
Uno de los casos más significativos es el campo de lucha de Aldea Blanca, que se encuentra cerrado desde hace ya más de tres años. Una instalación vinculada directamente al deporte vernáculo y a la identidad del pueblo permanece sin uso, mientras vecinos y deportistas siguen esperando una solución definitiva.
La lucha canaria no es solo una disciplina deportiva. Forma parte de nuestra cultura, de nuestra historia y de la memoria colectiva de Canarias. Por eso, el cierre prolongado del campo de lucha de Aldea Blanca no puede verse como un simple problema de mantenimiento. Es también una pérdida para el deporte tradicional, para la convivencia vecinal y para las nuevas generaciones que deberían poder acercarse a una práctica tan arraigada en nuestra tierra.

La situación pone el foco en la responsabilidad del área municipal de Deportes, dirigida por el concejal Ramón Suárez, y también en la del alcalde, Marco Aurelio Pérez, como último responsable de la gestión del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana.
La preocupación no es solo estética. El mal estado de estas infraestructuras afecta directamente a clubes deportivos, menores, deportistas federados, familias y colectivos que utilizan estos espacios o que, como ocurre en Aldea Blanca, ni siquiera pueden hacerlo por el cierre de una instalación pública.
San Bartolomé de Tirajana es un municipio que presume de actividad turística, grandes eventos y proyección exterior, pero esa imagen contrasta con la situación que viven muchos usuarios en instalaciones deportivas de uso cotidiano. Para las familias, resulta difícil entender que un municipio con capacidad económica no sea capaz de garantizar espacios deportivos dignos, seguros y cuidados.

Los clubes también se ven afectados. La falta de mantenimiento dificulta el desarrollo normal de los entrenamientos, condiciona la organización de competiciones y transmite una sensación de abandono institucional hacia quienes, muchas veces de forma voluntaria, sostienen el deporte base y las tradiciones deportivas del municipio.
El deporte no puede ser tratado como un asunto secundario. Las instalaciones deportivas son espacios de salud, educación, integración social y convivencia vecinal. Allí se forman valores, se crean hábitos, se aleja a muchos jóvenes de la calle y se fortalece el tejido comunitario. Por eso, su deterioro no es solo un problema de infraestructuras: es también una señal de falta de prioridad política.

Vecinos y usuarios reclaman una actuación urgente, no solo con parches puntuales, sino con un plan serio de revisión, mantenimiento e inversión que permita recuperar estos espacios y garantizar que estén en condiciones adecuadas durante todo el año.
San Bartolomé de Tirajana necesita instalaciones deportivas a la altura de su gente. Desde los campos de fútbol hasta las canchas de barrio, pasando por el campo de lucha de Aldea Blanca, cerrado desde hace más de tres años, no se trata de grandes anuncios, sino de algo mucho más básico: cuidar lo que ya existe, escuchar a quienes lo usan y entender que el deporte base y nuestras tradiciones también merecen respeto, inversión y compromiso público.



