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Amor, control y culpa: las señales de manipulación que pueden hacerte perder tu propia identidad

El espacio El Rincón de Quore, con la psicóloga Joselyn Herrera, abordó esta semana en El Batiburrillo de Radio Faro un tema especialmente delicado: “Amor, control y culpa. Cuando empiezas a dudar de ti mismo”. La psicóloga explicó cómo determinadas dinámicas de manipulación pueden comenzar de manera casi imperceptible y terminar afectando a la autoestima, la identidad, las relaciones sociales y la confianza en la propia percepción.

Herrera definió la manipulación psicológica como el uso de estrategias para influir en los pensamientos o emociones de otra persona con el objetivo de conseguir que ceda o modifique su comportamiento. Uno de los principales problemas para identificarla es precisamente que suele proceder de alguien con quien existe un vínculo afectivo. Según explicó, tendemos a justificar determinadas actitudes de una pareja, un familiar o un amigo porque no queremos pensar que alguien cercano pueda hacernos daño.

Entre las formas más habituales de manipulación citó el chantaje emocional, la ley del hielo, el gaslighting y el aislamiento progresivo de la red de apoyo. Son comportamientos que, cuando se repiten, pueden llevar a que la persona afectada termine cuestionándose incluso sus propios sentimientos y recuerdos.
Cuando empiezas a dejar de ser tú

Uno de los aspectos sobre los que Joselyn Herrera puso especial énfasis fue la pérdida progresiva de identidad. Cuando una persona comienza a concentrar toda su atención en evitar que su pareja se enfade o en conseguir su aprobación, puede acabar dejando de lado sus propias necesidades.

Dejar de salir con determinadas amistades, cambiar la manera de vestir, evitar planes, modificar la forma de hablar o comportarse para no provocar un conflicto son algunas de las señales que aconseja observar. La persona puede terminar organizando su vida en función de lo que cree que molestará o agradará al otro.

Herrera explicó también por qué, dentro de una relación dañina, pequeños momentos positivos pueden adquirir un valor desproporcionado. Después de episodios negativos, un gesto cariñoso, un regalo o una muestra de atención pueden interpretarse como la prueba de que la relación va a cambiar, haciendo que se minimice lo ocurrido anteriormente.

Chantaje emocional y gaslighting

Durante la conversación se analizaron algunas frases habituales del chantaje emocional, como “después de todo lo que hice por ti” o “si me quisieras, lo harías”. Según Herrera, el vínculo afectivo se utiliza en estos casos para generar culpa y conseguir que la otra persona termine cediendo.

También explicó el conocido como gaslighting, una forma de manipulación mediante la que se intenta hacer dudar a la persona de su propia percepción. Expresiones reiteradas como “eso nunca pasó”, “eres una exagerada”, “todo lo malinterpretas” o “todo está en tu cabeza” pueden acabar provocando que alguien desconfíe de lo que ha vivido o sentido.

Los celos no son una excusa para controlar

Otro de los asuntos centrales fue la diferencia entre sentir celos puntualmente y convertirlos en una herramienta de control.

Herrera fue clara al señalar que los celos no justifican revisar el teléfono de la pareja, exigir conocer permanentemente su ubicación o controlar sus amistades y relaciones familiares. “Eso no es amor, eso es control”, afirmó durante el espacio.

Además, destacó que estas dinámicas no aparecen exclusivamente dentro de las relaciones de pareja. Pueden producirse también entre familiares o amistades. Puso como ejemplo el uso de aplicaciones de localización que inicialmente pueden comenzar como una medida de seguridad pero terminar convirtiéndose en una vigilancia permanente sobre una persona adulta.

La psicóloga abordó asimismo el victimismo, la ley del hielo y el aislamiento. Explicó que retirar la comunicación deliberadamente puede utilizarse como una forma de castigo destinada a generar angustia hasta que la otra persona ceda. El aislamiento resulta especialmente peligroso porque priva a quien está dentro de una relación dañina de familiares y amigos que podrían ayudarle a observar la situación desde fuera.

El papel de la terapia y la importancia de no juzgarse

Herrera señaló que el proceso terapéutico puede ayudar a identificar estas dinámicas y comprender qué está ocurriendo. Muchas personas experimentan incluso alivio cuando descubren que aquello que estaban viviendo puede explicarse y que sus emociones no eran simplemente una exageración.

También insistió en evitar la culpabilización posterior. Preguntas como “¿por qué permití esto durante tanto tiempo?” o “¿por qué no me fui antes?” pueden convertirse en una nueva forma de castigo hacia uno mismo. La psicóloga defendió que cada situación debe analizarse desde la comprensión de las herramientas emocionales y circunstancias que tenía esa persona en aquel momento.

Durante el espacio también se abordó cómo una persona manipuladora puede intentar condicionar incluso la búsqueda de ayuda profesional, desacreditando al otro o pretendiendo decidir qué psicólogo debe atenderle. Herrera señaló que después de varios años sometido a una dinámica de manipulación repetitiva puede resultar especialmente difícil distinguir qué comportamientos son normales y cuáles no.

No invalidar lo que siente otra persona

Otro mensaje importante estuvo relacionado con la invalidación emocional. Joselyn Herrera recordó que cada persona experimenta los problemas de forma diferente y que frases como “lloras por eso”, “no seas tonto” o “supéralo” pueden aumentar el sufrimiento de quien necesita precisamente sentirse escuchado y comprendido.

La psicóloga defendió la necesidad de escuchar sin minimizar las emociones ajenas, especialmente cuando se trata de niños, adolescentes o personas que atraviesan situaciones emocionalmente difíciles.

Como reflexión final, Herrera invitó a aprender a escucharse y preguntarse qué necesitamos, qué personas queremos en nuestra vida, qué límites queremos establecer y qué comportamientos no estamos dispuestos a volver a permitir.

Para la psicóloga, trabajar la autoestima y tener claros esos límites ayuda a identificar antes las relaciones que pueden alterar nuestra estabilidad emocional.

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