El “cerebro digital” de Maspalomas: más de 60 ojos electrónicos y un cerebro que parece haberse quedado dormido
Continuamos nuestro recorrido por el San Bartolomé de Tirajana que iba a ser, ese extraordinario municipio donde los auditorios aparecen en PowerPoint, los Goya estuvieron a punto de convertirse en residentes habituales y ahora descubrimos que también teníamos un cerebro.
Y no uno cualquiera.
Un “cerebro digital”.
Después de tres capítulos hay que reconocer que Marco Aurelio Pérez (PP) nunca decepciona cuando llega el momento de poner nombre a un proyecto.
En junio de 2025 se presentaba públicamente el flamante Centro de Control de Emergencias de El Tablero.
Más de 60 cámaras, Videowall, sensores, drones, sistemas de comunicaciones, puestos informáticos, gestión de emergencias., big Data, smart City. Todo muy smart.
Maspalomas entraba definitivamente en el futuro.
El único problema es que, visto desde septiembre de 2026, parece que una parte del futuro todavía está intentando iniciar sesión.
MÁS DE 60 OJOS PARA EL GRAN CEREBRO
El proyecto Maspalomas Smart Destination no era precisamente pequeño.
Su presupuesto global supera los 5,7 millones de euros, aunque conviene aclararlo: esa cantidad corresponde al conjunto del proyecto tecnológico y no exclusivamente a las cámaras y al Centro de Control.
La idea, sobre el papel, era magnífica.
El edificio situado detrás de la piscina de El Tablero se convertiría en el gran cerebro desde el que coordinar emergencias y gestionar la información procedente de los distintos sistemas tecnológicos desplegados por el municipio.
Y las cámaras serían sus ojos. Muchos ojos, más de sesenta.
El 3 de junio de 2025, la propia empresa encargada de la integración tecnológica explicaba que el Centro de Control se encontraba todavía “en fase de pruebas”.
Perfectamente normal. Los sistemas tecnológicos necesitan probarse, lo verdaderamente extraordinario ocurrió después.
Porque poco tiempo más tarde el balance de los dos primeros años de gobierno anunciaba:
“Se ha puesto en marcha el nuevo Centro de Control de Seguridad Municipal”.
Y añadía que ya contaba con:
“más de 60 cámaras de vigilancia operativas”. Operativas y el centro, puesto en marcha.
Fantástico.
El cerebro había despertado. O eso decía la nota de prensa.
EL CEREBRO QUE DUERME DETRÁS DE LA PISCINA
Porque la situación que este medio ha podido conocer actualmente resulta bastante menos futurista.
El Centro de Control situado detrás de la piscina municipal de El Tablero permanece cerrado y no desarrolla esa actividad permanente anunciada públicamente.
Y los más de sesenta ojos del famoso cerebro tampoco parecen disfrutar todos de una vista excelente.
Según la información recabada por este medio, una parte muy importante de las cámaras instaladas se encontraría actualmente fuera de servicio, afectadas por diferentes incidencias: averías, falta de mantenimiento, actos vandálicos e incluso sustracciones de baterías.
Llegados a este punto, quizá haya llegado el momento de aplicar una sofisticadísima herramienta tecnológica.
Se llama:
contar.
¿Cuántas cámaras se instalaron?
¿Cuántas funcionan hoy?
¿Cuántas están averiadas?
¿Cuántas han sufrido vandalismo?
¿Cuántas esperan reparación?
¿Cuántas llevan meses sin funcionar?
¿Quién realiza actualmente el mantenimiento?
¿Y cuántas personas trabajan de forma permanente en aquel Centro de Control que debía convertirse en el cerebro de la seguridad municipal?
No parece una auditoría especialmente complicada. Había más de sesenta cámaras.
Basta con contarlas.
SMART CITY, PERO SIN PASARSE
Nos dijeron que Maspalomas tendría un “cerebro digital”.
Y hay que reconocer que la expresión era magnífica el problema es que un cerebro necesita estar despierto y si las cámaras son sus ojos, tampoco estaría de más que pudieran ver.
Porque instalar tecnología es relativamente sencillo.
Lo verdaderamente revolucionario consiste en conseguir que continúe funcionando después de la fotografía inaugural.
De lo contrario, corremos el riesgo de haber inventado un nuevo concepto tecnológico:
Smart City decorativa, todo muy moderno, muy digital, muy inteligente y extraordinariamente eficiente siempre que nadie pregunte cuántos dispositivos funcionan realmente.
Las cámaras quedan magníficas instaladas en las calles, el videowall queda espectacular en las fotografías, los drones aportan un toque futurista y palabras como Big Data, Smart Destination y Centro de Control hacen que cualquier nota de prensa parezca redactada directamente en Silicon Valley.
Pero existe una innovación tecnológica que todavía supera a todas las anteriores.
No requiere inteligencia artificial, no necesita Big Data, ni siquiera hace falta un dron.
Consiste simplemente en:
abrir la puerta del Centro de Control del Tablero y ponerlo a funcionar.
DEL “PUESTO EN MARCHA” AL “¿ESTÁ ABIERTO?”
Y aquí vuelve a aparecer ese enemigo implacable de los grandes anuncios municipales:
la hemeroteca.
Porque nadie obligó al gobierno municipal a escribir:
“Se ha puesto en marcha”.
Nadie le obligó a anunciar:
“Más de 60 cámaras de vigilancia operativas”.
Fueron afirmaciones públicas.
Y precisamente por eso las preguntas actuales resultan especialmente sencillas.
Si estaba puesto en marcha:
¿está funcionando hoy?
Si había más de 60 cámaras operativas:
¿cuántas siguen operativas hoy?
Si existe un Centro de Control:
¿quién lo atiende?
¿En qué horario?
¿Desde qué fecha?
¿Con qué personal?
¿Y qué incidencias ha gestionado?
Porque cuando se utilizan millones de euros de un proyecto público para desplegar tecnología, el éxito no consiste en conseguir que una cámara aparezca en una fotografía.
Consiste en que grabe cuando hace falta.
UN CEREBRO CON PROBLEMAS DE CONEXIÓN
Y quizá aquí esté la mejor metáfora de todo este cuarto capítulo de la saga imaginativa del Alcalde:
San Bartolomé de Tirajana tenía un cerebro digital, tenía más de sesenta ojos, tenía drones, tenía sensores, tenía videowall, tenía comunicaciones, tenía Big Data, tenía Smart City, tenía prácticamente todo.
Solo nos falta comprobar una cosa: que funcione, pero no, no funciona nada.
Porque, según la información recabada por este medio, mientras una parte importante de esos ojos electrónicos estaría fuera de servicio, el gran cerebro permanece detrás de la piscina de El Tablero sin desarrollar la actividad permanente que se anunció.
Quizá no esté cerrado, quizá simplemente esté… actualizando Window desde 2025.
MARCO AURELIO Y EL MUNICIPIO QUE IBA A SER
Y así llegamos al cuarto capítulo de nuestra particular visita al futuro.
El Tablero tendría su gran auditorio el Castillo del Romeral tendría otro, Maspalomas aspiraba a los Premios Goya y ahora descubrimos que también teníamos un espectacular cerebro digital con más de sesenta ojos electrónicos vigilando el municipio.
Al San Bartolomé de Tirajana que iba a ser no le faltaba absolutamente de nada.
El problema aparece cada vez que apagamos el proyector, cerramos la nota de prensa y regresamos al San Bartolomé de Tirajana que realmente es.
Quizá por eso algunos vecinos han empezado a utilizar públicamente para Marco Aurelio Pérez un sobrenombre bastante menos tecnológico:
“Marco el vendehumo”.
El calificativo pertenece a quienes lo utilizan y podrá parecer más o menos acertado, pero existe una fórmula extraordinariamente sencilla para combatir esa percepción.
Esta vez ni siquiera hace falta conseguir unos Premios Goya, tampoco construir dos auditorios, ni preparar otra presentación. Es bastante más sencillo.
Que abran el Centro de Control y que enciendan las cámaras, pero que expliquen cuántas funcionan.
Porque después de 5,7 millones de euros en el conjunto del proyecto Maspalomas Smart Destination, Maspalomas no necesita otra nota de prensa explicando que tiene un cerebro.
Necesita comprobar que está despierto.



