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Sonia Lasa reivindica en ‘La memoria del olivo’ a las mujeres que tuvieron que amar en silencio

La escritora Sonia Lasa, ganadora del Premio LGTBIQ+ de Literatura Diversa 2026 por La memoria del olivo, pasó por los micrófonos de El Batiburrillo para hablar de una novela en la que confluyen amor, memoria histórica, represión y la recuperación de las voces de mujeres que durante décadas permanecieron silenciadas.

Lasa recibió el galardón con especial emoción: es el primer premio literario que consigue y también la primera ocasión en la que se presentaba a un certamen. El jurado tuvo que elegir entre 62 obras. La autora, que se define como muy autoexigente, reconoció que el reconocimiento la tomó por sorpresa y celebró especialmente que permita dar mayor visibilidad a la historia que cuenta.

Una trayectoria escribiendo sobre mujeres que aman a mujeres

La memoria del olivo es su sexta novela y mantiene una constante de su trayectoria literaria: sus protagonistas son mujeres y sus libros muestran historias de amor entre mujeres en diferentes momentos históricos.

Lasa explicó que este compromiso nace también de su propia experiencia. Recordó que cuando tenía 16 años buscaba libros en los que pudiera encontrar mujeres enamorándose de otras mujeres y apenas encontraba referentes.

Por ello considera su literatura un pequeño aporte para que un adolescente que esté descubriendo su sexualidad pueda encontrarse reflejado en una historia y entender con naturalidad que “dos mujeres se enamoran y no pasa nada”.

El homenaje a las mujeres aceituneras

La idea inicial de La memoria del olivo surgió del deseo de Sonia Lasa de rendir homenaje a las mujeres que trabajaron durante décadas en la industria de la aceituna en Dos Hermanas y otros municipios sevillanos.

Durante la investigación descubrió la historia de nueve jornaleras de San Juan de Aznalfarache, vinculadas al trabajo de la aceituna, que fueron detenidas en agosto de 1936 por pertenecer a UGT y posteriormente fusiladas.

Durante su cautiverio permanecieron en un barco-prisión amarrado en Sevilla, un episodio histórico que Lasa decidió incorporar a la novela. Aunque sus protagonistas son ficticias, numerosos acontecimientos que aparecen en el libro están inspirados en hechos reales.

Un barco y una historia prácticamente borrada

Uno de los aspectos que más sorprendió a la escritora durante su documentación fue comprobar la escasa información existente sobre aquel barco.

Lasa consiguió incluso contactar con una sobrina-nieta de una de las mujeres asesinadas. Lo que más la impresionó fue descubrir que la propia familia había conocido aquella historia hacía relativamente pocos años debido al silencio que se mantuvo durante generaciones.

Según explicó, muchas familias de la zona desconocían incluso la existencia de este episodio represivo. La autora recordó las terribles condiciones de quienes estuvieron recluidos allí y defendió que existe una obligación de recuperar y contar esas historias.

Durante la investigación también encontró testimonios de personas que habían visitado aquel espacio cuando eran niños. Los adultos no podían entrar, por lo que las familias utilizaban a los menores para hacer llegar alimentos o mensajes escondidos entre la ropa.

Los recuerdos del olor, el agotamiento y las caras de sufrimiento de los prisioneros quedaron grabados en aquellos niños y sirvieron a la escritora para intentar reconstruir literariamente las condiciones que viviría una de sus protagonistas.

El amor entre dos mujeres obligado a permanecer oculto

En el corazón de La memoria del olivo está la historia de amor entre dos mujeres aceituneras durante los años treinta.

Lasa considera que todavía existe un enorme vacío sobre cómo vivieron las personas LGTBIQ+ durante la Guerra Civil y la posterior dictadura.

Sus protagonistas tienen que mantener su relación en secreto debido al contexto social y represivo de aquellos años. La autora recordó que incluso en la actualidad, estando casada con una mujer, continúa percibiendo miradas de desaprobación cuando ambas caminan de la mano por la calle.

Para Lasa, ese hecho demuestra cuánto se ha avanzado, pero también cuánto queda todavía por hacer.

“Hay que hablar”

La escritora defendió con firmeza la necesidad de recuperar la memoria de las personas represaliadas.

Reconoció la enorme responsabilidad que siente cuando convierte aquellos acontecimientos históricos en una narración ficticia y explicó que intenta aproximarse con el máximo respeto posible al miedo, sufrimiento y pensamientos de quienes vivieron aquellas circunstancias.

Frente a quienes prefieren “no revolver” el pasado, Lasa fue clara: “Hay que hablar”, porque esas personas fueron silenciadas y tienen derecho a que su historia sea conocida.

Las mujeres, doblemente silenciadas

Otro de los momentos destacados de la entrevista llegó al abordar la representación de las mujeres lesbianas dentro de la propia memoria LGTBIQ+.

Sonia Lasa señaló que históricamente ha tenido mayor visibilidad la represión sufrida por los hombres homosexuales, mientras muchas relaciones entre mujeres podían pasar aparentemente más desapercibidas al presentarse como amigas, primas o compañeras.

Pero esa invisibilidad, afirmó, no significaba ausencia de sufrimiento. Recordó también episodios de terapias y tratamientos impuestos a mujeres y aseguró que buena parte de esa realidad permanece todavía poco estudiada y divulgada.

Lasa fue más allá y aseguró que las mujeres continúan encontrándose en ocasiones “a la cola” incluso dentro del propio colectivo LGTBIQ+. Habló abiertamente de machismo y aseguró haber percibido diferencias incluso en el ámbito editorial, donde considera que algunas obras escritas por hombres reciben mayor promoción que las realizadas por mujeres.

Recordar a quienes conquistaron los derechos actuales

La escritora defendió la necesidad de mantener viva la memoria de quienes lucharon por los derechos que hoy disfruta el colectivo.

“Gracias a esas personas que dieron su vida, que se partieron la cara, nosotros disfrutamos de lo que disfrutamos”, señaló durante la conversación.

Para Lasa, conocer esas historias permite comprender que los derechos actuales no aparecieron de forma espontánea, sino que fueron conquistados por generaciones anteriores.

El olivo como testigo

El título de la novela tiene además un significado central.

Sonia Lasa explicó que el olivo es testigo de la relación de las protagonistas, de su amor, de sus penas y de toda la lucha que atraviesa la historia. Su longevidad lo convierte en una especie de guardián de la memoria de todo aquello que ocurrió.

La novela permite también conocer la dureza del trabajo realizado por las mujeres aceituneras: desde las llamadas “niñas del suelo”, encargadas de recoger aceitunas, hasta las diferentes labores desarrolladas dentro de los almacenes.

Aunque reconoce que es una novela dura porque la realidad histórica también lo fue, Lasa asegura que existe espacio para la esperanza y, fundamentalmente, para una historia de amor que permanece por encima de las circunstancias.

De todos los personajes, destacó especialmente a Carmen, una mujer luchadora que termina encerrada en el barco y que, aun sabiendo el destino al que se enfrenta, continúa defendiendo aquello en lo que cree.

Literatura LGTBIQ+: todavía queda camino

Lasa considera que siguen siendo necesarios espacios específicos para la literatura LGTBIQ+.

Explicó que existen diferentes tipos de narrativa dentro del colectivo: desde historias contemporáneas y románticas hasta novelas como las suyas, que utilizan personajes ficticios para recuperar acontecimientos históricos.

También abordó el debate sobre las etiquetas en las librerías. Por un lado, incluir un libro dentro de una sección exclusivamente LGTBIQ+ puede separarlo del resto; por otro, eliminar por completo esa identificación puede hacer que las obras pierdan visibilidad. Para la autora, todavía no existe una normalización plena.

Preocupación por posibles retrocesos y por la desinformación

Sonia Lasa mostró una gran preocupación por la creciente polarización social y por la posibilidad de que se produzcan retrocesos en derechos.

En este punto vinculó parte del problema con la desinformación en redes sociales. Como periodista, lamentó que cualquier persona pueda difundir contenidos presentándolos como noticias sin comprobar previamente si son ciertos.

Alertó de la proliferación de bulos y de la especial vulnerabilidad de muchos jóvenes ante esos contenidos.

La escritora defendió asimismo recuperar las conversaciones entre generaciones. Recordó cómo ella escuchaba a su abuelo hablar de la guerra y lamentó que muchos jóvenes hayan perdido ese contacto directo con quienes vivieron determinados acontecimientos.

Para Lasa, hablar de estos episodios ya no es únicamente una cuestión política, sino también una cuestión relacionada con derechos humanos, convivencia y empatía. soni

El libro ya puede conseguirse

La memoria del olivo ya está disponible en librerías y también en formato electrónico.

Sonia Lasa valoró positivamente que entidades culturales, editoriales y organizaciones vinculadas al activismo LGTBIQ+ unan esfuerzos alrededor del Premio de Literatura Diversa, ya que esa colaboración permite ampliar la difusión de obras que de otra manera podrían tener más dificultades para llegar al público.

Ya prepara una nueva novela

La autora no piensa detenerse después del premio.

Actualmente, trabaja en una nueva historia ambientada en el siglo XVII, centrada en la Inquisición y la brujería. Al igual que en La memoria del olivo, utilizará una trama ficticia para recuperar hechos históricos y volver a colocar en primer plano a mujeres cuyas voces quedaron ocultas.

La entrevista terminó con una dedicatoria especialmente emotiva. Preguntada por qué diría hoy a aquellas mujeres que tuvieron que amar en silencio, Sonia Lasa respondió:

“Gracias, primero por esos pequeños pasos que dieron, y estoy muy orgullosa de todas ellas”.

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