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ESTAMOS EMPACHADOS (DERROCHANDO LA COMIDA)

Sentado junto a un gran ventanal, me detuve a observar lo que ocurría a mi alrededor, estudiando a cada persona en movimiento o sentada a su mesa con su plato a rebosar de comida y, de pronto, me di cuenta de que todos actuábamos de igual manera.

 

Para ponerlos en situación, había acudido a comer a uno de esos restaurantes en los que por un módico precio, 12.95€ los adultos y 6.95€ los niños, te puedes hartar de comer; los llamados buffets, además era uno bastante conocido en esta zona sur de Gran Canaria.

Muchos de ustedes se imaginarán a cual me refiero, ¡vamos! Que blanco y en botella. Pero este artículo no va en contra del mencionado restaurante, sino de los comensales y visitantes del lugar; dicho sea de paso yo mismamente, que estaba comiendo allí.

 

Y como les explicaba, aquél momento de reflexión me llegó observando a unos y a otros y, como no, mi propio plato, que debo decir a mi favor que intentaba no rebosar y que incluso, ponía en un plato varias comidas para degustar con mi compañero de mesa.

Todos actuaban de la misma manera, llenando un primer plato a tope con diferentes comida, obviamente y tras engullir ese gran plato, se levantarían a rellenar un segundo plato con diferentes comidas; y, claro está, después vendría el suculento postre. Incluso observé a una madre llenándole por completo de espaguetis el plato de su hijo, de más o menos 5 o 6 años de edad. Además, una chica de la mesa contigua comentó: “ayúdame con esto, que es que llena demasiado”, y digo yo, si llena demasiado, ¿para qué narices te llenas el plato?.

 

En fin, vivimos en una sociedad de consumo desmesurado, no empatizamos con esos países pobres en los que solamente se come una vez al día, cuando se puede, claro. Nos dedicamos a embostarnos de comida como si fuera el último plato que nos fuéramos a zampar en nuestra vida; temerosos de que al día siguiente no tengamos que llevarnos a la boca sin pensar que vivimos en el Primer Mundo y que el Tercer Mundo no tienen donde caerse muertos. Pero, ¿qué más nos dará a nosotros? Si, ¿ellos están allí y nosotros aquí, en este lado privilegiado del mundo?.

 

Estamos empachados, comemos demasiado y si no, que sobre y se tira, ¿qué más da? ¡Si mañana compramos más! Nuestros supermercados nos abastecen y lo que caduca lo tiran a la basura, claro, eso de donarlo crearía pérdidas.

 

Al día siguiente de tan fructífera comida, ya obesos como estamos, nos llegará ese remordimiento por haber engullido tanta y tan sobrada comida. Imagino a esa mujer, la que el día anterior se llenaba y rellenaba ese primer plato para luego repetirlo con el segundo plato y el postre. Ella ya tenía unos cuantos kilitos de más, pero había que aprovechar, ¡estamos en un buffet! ¡Hay que comer hasta no poder más! Ya nos miraremos los kilos y lloraremos ante nuestro espejo por la imposibilidad de perder esa barriga que tanto nos fastidia.

 

Y es que ya estamos empachados, comemos demasiado, no nos ponemos en la situación de los que no pueden comer, ni tampoco nos preocupamos de tirar comida o de echarnos lo necesario en el plato, para luego hacer un poco de ejercicio físico y estar todos en nuestro peso ideal. ¡Qué no se crea usted, señora, que con ir un mes antes de verano al gimnasio, le va a ocurrir el milagro de estar como un pincel y lucir cuerpazo mientras pasea por la playa!.

 

Empecemos ya a controlar nuestras comidas y hagamos que los empresarios dedicados al sector tomen conciencia y dejen de tirar lo que les sobra.

 

¡Hagamos un mundo mejor con nuestros valores y nuestra forma de actuar ante cada situación! ¡Si no vas a poder con lo que te echas en el plato, échate menos, te sentirás mejor!

 

Por G. David Peralta.

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