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El Tablero de Maspalomas: el pueblo que también existe

San Bartolomé de Tirajana es uno de los municipios más ricos de Canarias. Un referente turístico internacional, con millones de visitantes al año, con grandes inversiones en infraestructuras turísticas y con una imagen exterior que se vende al mundo como un destino de calidad.

Pero hay otra realidad. Y esa realidad la están denunciando los propios vecinos y vecinas del Tablero de Maspalomas.

Una realidad que duele escuchar porque habla de abandono, falta de mantenimiento y una sensación creciente de que los barrios donde viven los residentes han dejado de ser prioridad.

Quienes viven allí lo dicen claro: basura en las calles, solares llenos de escombros, coches abandonados que pasan meses sin ser retirados aunque existan avisos y trámites iniciados, papeleras que no existen o que simplemente no se vacían con la frecuencia necesaria.

Y cuando faltan papeleras y sobra dejadez, el resultado es evidente: un pueblo sucio, descuidado y con una imagen que no corresponde a un municipio que presume de excelencia turística.

Pero el problema no es solo la basura.

Los vecinos hablan de un parque infantil que lleva años cerrado, con obras que se anuncian una y otra vez, reformas que se eternizan y dinero público que parece gastarse sin que el resultado llegue nunca. Una obra que iba a durar seis meses y que ya roza el año sin que los niños del barrio puedan utilizar ese espacio.

Hablan también de problemas que parecen pequeños, pero que revelan mucho: pivotes rotos que tardan meses en arreglarse, falta de aparcamientos, un parking sin gestión mientras los vecinos no tienen dónde dejar el coche.

Eso sí, para pagar impuestos, tasas o el vado del garaje, el sistema funciona con una puntualidad admirable.

El abandono también se nota en otros detalles que deberían ser básicos: jardines sin cuidar, palmeras deterioradas, barrancos convertidos en vertederos improvisados y zonas cercanas incluso al centro de salud con un estado que dista mucho de lo que debería ser un entorno público digno.

Los propios vecinos hablan de ratas, de escombros, de contenedores saturados y de una limpieza que muchas veces brilla por su ausencia.

Y hay algo más que preocupa: la sensación de que el municipio mira primero hacia las zonas turísticas y después hacia los barrios donde vive la gente.

Como si existieran dos realidades distintas: la que se enseña al visitante y la que soportan cada día quienes pagan impuestos y construyen vida en el municipio.

Pero el abandono no termina ahí.

En el Tablero también se denuncia desde hace tiempo el trato que está recibiendo el Club Deportivo Tablero, una entidad que ha sido durante años un referente social y deportivo para el barrio. Un club que ha formado a generaciones de jóvenes y que representa uno de los pocos espacios donde la juventud encuentra valores, deporte y comunidad.

Sin embargo, lejos de recibir apoyo institucional, lo que muchos perciben es falta de respaldo, dificultades y una sensación de maltrato institucional hacia una entidad que ha hecho más por el barrio que muchas decisiones políticas.

Cuando un pueblo ve deteriorarse sus calles, cerrar sus parques, abandonar sus espacios públicos y además siente que sus clubes y asociaciones no son respetados, lo que se genera no es solo enfado. Lo que se genera es desafección hacia las instituciones.

Y eso es lo más peligroso que puede ocurrir en una democracia local.

El Tablero no es un barrio cualquiera. Es un pueblo vivo, con historia, con identidad y con vecinos que llevan décadas construyendo comunidad.

Y lo que están pidiendo no es nada extraordinario.

No piden grandes obras ni promesas electorales.
Piden limpieza, mantenimiento, respeto y gestión.

Porque cuando un municipio presume de ser uno de los motores económicos de Canarias, lo mínimo que se espera es que sus barrios estén a la altura de lo que dicen representar.

El Tablero también existe.
Y sus vecinos ya han empezado a decirlo en voz alta.

digitalfarocanarias.com

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