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Una oportunidad estratégica muy mal contada.

La crisis del MV Hondius y el brote de hantavirus en Tenerife tendrían que haber servido para mostrar al mundo que Canarias cuenta hoy con un sistema sanitario preparado, moderno y capaz de responder ante una emergencia compleja.

Y, de hecho, así ocurrió. La respuesta técnica funcionó. España activó rápidamente los protocolos sanitarios, organizó una operación internacional compleja y convirtió a Tenerife en el centro de un dispositivo seguido desde muchos países. La gestión de la crisis dejó claro que el sistema sanitario público dispone de capacidad y de profesionales preparados para actuar bajo presión.

 

En este contexto, el mensaje que se debía haber transmitido era sencillo: el sistema funcionó. Y funcionó porque Canarias ya no puede verse como un territorio aislado o limitado, sino como un punto estratégico del Atlántico plenamente integrado en España y Europa. Las islas cuentan con hospitales preparados, protocolos modernos, buenas infraestructuras y personal sanitario cualificado. Todo ello explica por qué Canarias pudo actuar como un lugar seguro en una operación internacional de tal magnitud.

 

El problema surgió en el terreno de la comunicación política. Mientras la respuesta sanitaria avanzaba según lo previsto, parte del discurso institucional autonómico derivó hacia mensajes considerados extravagantes o alarmistas. El propio presidente del Gobierno de Canarias llegó a hablar públicamente de las “capacidades natatorias de los roedores”, una expresión que terminó ocupando titulares y generando debate en redes sociales. En ese momento, el foco dejó de centrarse en la gestión sanitaria para desplazarse hacia declaraciones que generaron una inquietud innecesaria.

 

En situaciones así, no se trata de maquillar la realidad ni de transmitir un optimismo injustificado. Eso también sería un error. Se trata de comunicar con claridad, coherencia y serenidad. Explicar qué ocurre, qué riesgos existen realmente y qué medidas se están tomando. Cuando esa coherencia falla, aparecen el ruido, la exageración y la desinformación.

Y ese ruido no contribuyó, precisamente, a reforzar la imagen exterior de Canarias, con la importancia que ello tiene. Turismo, inversión y actividad económica dependen en gran medida de la percepción de estabilidad y seguridad que se proyecta hacia el exterior. Esta reputación es uno de sus principales activos de nuestras islas, ya que dependemos, en buena medida, de la confianza exterior. Sin embargo, esa confianza también puede verse afectada cuando el discurso público no refleja con precisión la realidad. Por ello, la comunicación institucional forma parte esencial de la gestión de una crisis.

 

La lección que deja este episodio es que las crisis ya no se gestionan únicamente en hospitales o centros de coordinación, sino también en el ámbito de la comunicación. Canarias demostró que no es un territorio periférico en el sentido débil del término, como durante décadas se ha tendido a interpretar, sino una plataforma logística y sanitaria estratégica para responder a una emergencia internacional. Sin embargo, el problema surgió en el relato político autonómico, cometiéndose un error que quedará en los anales de la comunicación.

Pero lo más preocupante es que, lejos de corregirse con rapidez ese error, la insistencia terminó convirtiéndolo en un segundo error aún más evidente. Y es que ya lo dijo el escritor y consultor británico Simon Sinek, conocido por sus trabajos sobre liderazgo, comunicación y cultura empresarial; “La confianza se gana con hechos, no con discursos.”

 

Cristopher Rodríguez Rodríguez

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