La osteópata María Corbacho volvió a intervenir en El Batiburrillo para abordar la relación entre el estrés emocional, los conflictos personales y las señales que deja el cuerpo. En esta ocasión, centró buena parte de su reflexión en las relaciones de pareja, los vínculos familiares y esas situaciones que, cuando no se gestionan bien, terminan generando ansiedad, angustia, insomnio, tensión muscular o problemas digestivos.
Corbacho explicó que muchas personas llegan a consulta con síntomas físicos que no siempre tienen un origen puramente corporal, sino que están relacionados con conflictos emocionales no resueltos. Señaló especialmente la zona del pecho, el plexo, la boca del estómago, las cervicales y los hombros como puntos donde el cuerpo puede reflejar cargas emocionales, frustración, rabia contenida o falta de comunicación.
Durante la conversación, insistió en que el amor o las buenas intenciones no siempre son suficientes para construir relaciones sanas. Según explicó, muchas parejas arrastran inmadurez emocional, miedo a la soledad, dependencia, expectativas no cumplidas o incapacidad para poner límites. En esos casos, el cuerpo puede terminar expresando aquello que la persona no se atreve a afrontar.
La osteópata también habló de la importancia de tomar conciencia, dejar de vivir desde el victimismo y preguntarse qué se quiere realmente de una relación. Recordó que aceptar situaciones dolorosas o normalizar “migajas” afectivas puede tener consecuencias emocionales y físicas, especialmente cuando la persona no actúa por miedo, baja autoestima o temor a quedarse sola.
Otro de los temas abordados fue la comunicación. Corbacho advirtió que muchos conflictos se agravan porque no se habla con claridad, no se expresan necesidades o se corta una relación sin aclarar malentendidos. También señaló que hay personas que “drenan la energía” y que aprender a poner límites forma parte del cuidado personal.
En el tramo final, la conversación derivó hacia las relaciones entre padres, madres e hijos adultos. María Corbacho fue clara al señalar que proteger no debe confundirse con anular, y que algunos padres, desde el miedo o el apego, pueden generar vínculos tóxicos que impiden a sus hijos madurar y asumir responsabilidades.
Corbacho defendió que el objetivo debe ser alcanzar mayor bienestar mental, emocional y corporal. Para ello, invitó a revisar creencias, mejorar la comunicación, tomar decisiones, trabajar la autoestima y no permitir que las relaciones personales terminen enfermando el cuerpo.
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