La politóloga y periodista Araceli Oliva Cazorla analiza la escalada del conflicto en Irán tras los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes, una situación que sitúa al país en el epicentro de una crisis geopolítica con implicaciones regionales y globales.
Según explica, Irán considera a Estados Unidos e Israel como sus principales enemigos y el origen inmediato de esta escalada está vinculado al programa nuclear iraní y al enriquecimiento de uranio, percibido como una amenaza por ambas potencias. Sin embargo, advierte que los objetivos reales pueden ser diferentes: mientras Israel podría perseguir un cambio de régimen en Irán, Estados Unidos podría estar más interesado en garantizar que el país no represente una amenaza estratégica y en asegurar el acceso a sus recursos naturales.
La muerte del líder supremo iraní, junto a otras figuras clave del poder militar y judicial, tiene un fuerte impacto simbólico y puede generar vacíos de poder dentro de la estructura del régimen. No obstante, Oliva subraya que el sistema iraní es más amplio que su líder y cuenta con una estructura política, militar y económica capaz de recomponerse, como demuestra la rápida creación de un consejo de liderazgo para mantener la continuidad del poder.
En el plano regional, el conflicto ya está teniendo consecuencias más allá de Irán. La politóloga explica que el régimen está optando por generar inestabilidad económica y geopolítica, especialmente a través de la presión sobre el mercado del petróleo y las rutas energéticas, con el objetivo de afectar directamente a los intereses económicos occidentales y forzar una reacción política.
El análisis también pone el foco en la situación interna del país. En los últimos años, se han producido protestas masivas contra el régimen, reprimidas con gran violencia, lo que ha debilitado su legitimidad ante una parte de la población. Sin embargo, Oliva advierte que una guerra puede cambiar el escenario: ante una invasión extranjera, el nacionalismo puede fortalecer temporalmente al propio régimen si la población percibe que su seguridad está en peligro.
Otro elemento clave es el apagón informativo impuesto en el país, con cortes de internet y comunicaciones que impiden a los ciudadanos incluso contactar con sus familiares. Esta situación, explica, genera una enorme angustia social y dificulta conocer la realidad que vive la población dentro de Irán.
En cuanto al escenario internacional, la experta advierte del riesgo de escalada si otras potencias se ven arrastradas al conflicto. La intervención indirecta de países europeos o el posible papel de Rusia podrían ampliar la crisis, mientras que China mantiene una postura pragmática basada principalmente en sus intereses económicos.
Sobre el futuro político del país, Oliva plantea varios escenarios posibles: desde la continuidad del régimen actual, pasando por una transición controlada hacia un nuevo liderazgo favorable a intereses internacionales, hasta un cambio total del sistema político. No obstante, advierte de que cualquier transición será compleja, ya que Irán es un país muy diverso desde el punto de vista étnico, religioso y político, lo que obliga a integrar a múltiples actores si se quiere evitar un escenario de guerra civil.
Finalmente, la politóloga critica que el conflicto no esté realmente motivado por la defensa de los derechos humanos, sino por intereses estratégicos y económicos. A su juicio, la comunidad internacional debería apostar por una política exterior más centrada en el apoyo a los movimientos democráticos y a la sociedad civil, en lugar de negociar con regímenes autoritarios hasta que dejan de ser útiles para los intereses geopolíticos.
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