Hay gestiones torpes. Hay gestiones mediocres. Y luego está la forma en la que el gobierno de Marco Aurelio Pérez, alcalde de San Bartolomé de Tirajana, ha dejado pudrir durante años la situación de los cementerios municipales para presentarse ahora como si acabara de descubrir un problema sobrevenido. No. Lo que estamos viendo no es una emergencia inesperada. Lo que estamos viendo es el resultado de una forma de gobernar basada en llegar tarde, improvisar y vender como solución urgente lo que durante años fue simple abandono político.

Porque conviene dejar algo claro desde el principio: la responsabilidad política final de lo que ocurre en los servicios e infraestructuras municipales recae en el alcalde. Y en este caso hablamos de cementerios, de camposantos, de lugares donde descansan los seres queridos de muchísimas familias del municipio. Lugares que deberían inspirar respeto, cuidado y una seriedad institucional absoluta. Sin embargo, en San Bartolomé de Tirajana lo que se ha transmitido durante demasiado tiempo es desidia, parcheo y propaganda. Marco Aurelio Pérez es hoy el alcalde del municipio.
En el último pleno, el gobierno municipal llevó una modificación presupuestaria que incluye 1,2 millones de euros para la rehabilitación del cementerio de Pedrazo y la ampliación con nuevos nichos en El Lomo. Sobre el papel, la inversión puede sonar necesaria. Y lo es. Pero la pregunta que se hace hoy mucha gente en la calle es mucho más incómoda: si esto era tan urgente, tan grave y tan inaplazable, por qué no se hizo antes.
Porque aquí está el verdadero escándalo. Si el cementerio de Pedrazo presentaba un estado preocupante, el Ayuntamiento tenía la obligación de haber actuado con tiempo, con previsión y con transparencia. Si el peligro era real, tenía que haberse informado claramente a las familias desde el primer momento. Si no era real, entonces resulta todavía más grave generar ahora una sensación de alarma entre los vecinos. Lo que no se puede hacer es gobernar desde el silencio durante años y aparecer después con un discurso de urgencia, casi metiendo miedo a quienes tienen allí enterrados a sus padres, madres, abuelos o hijos.

Y esa indignación no sale de la nada. Hace meses ya se había eliminado aparcamiento en Pedrazo, una decisión que molestó a vecinos y usuarios. Después llegó la DANA y siguieron produciéndose enterramientos sin que se trasladara públicamente una alerta de riesgo inminente. No se informó con claridad. No se activó una explicación seria. No se vio una reacción proporcional al dramatismo con el que ahora se quiere justificar la intervención. Por eso hay familias preocupadas, sí, pero también indignadas. No solo por el estado del recinto, sino por la forma de plantear el problema.
La sensación que deja todo esto es muy peligrosa: que el grupo de gobierno ha dejado pasar los años sin mantenimiento suficiente y, ahora que los plazos aprietan, recurre a la urgencia presupuestaria para resolver de manera acelerada lo que debió planificarse con tiempo. Y cuando una administración se mete en ese callejón, la pregunta aparece sola: ¿estamos ante una verdadera urgencia técnica o ante una urgencia provocada por su propia incompetencia?
Los antecedentes no ayudan precisamente a confiar. En 2024 el propio Ayuntamiento tuvo que actuar en la subida al cementerio de El Lomo retirando maleza, basura, escombros y residuos acumulados en el entorno. Ese mismo año se hizo una intervención en el cementerio parroquial de Tunte para recuperar su fachada y su visibilidad, reconociendo de hecho que durante muchos años no se habían dado los cuidados necesarios. Es decir, el deterioro no era nuevo, ni secreto, ni invisible. Era la consecuencia de mirar hacia otro lado.
A eso se sumó una denuncia pública sobre el estado del cementerio de El Lomo de Maspalomas, donde se habló de basura, grietas, dificultades de acceso, mala señalización e iluminación deficiente. Todo esto ya estaba en la calle. Todo esto ya se sabía. Todo esto ya dibujaba un panorama que exigía gestión real y no más titulares vacíos.
Y, sin embargo, la reacción vuelve a ser la misma que tantas veces se ha visto en San Bartolomé de Tirajana: primero se deja deteriorar, luego se corre, y finalmente se vende humo. Porque ese es el problema de fondo. Aquí no estamos solo ante una obra o una partida económica. Aquí estamos ante un modo de gobernar. El de anunciar mucho cuando ya no queda más remedio. El de disfrazar de diligencia lo que en realidad es una cadena de omisiones. El de presentar como gran respuesta lo que no deja de ser una rectificación tardía.
En El Lomo ya se había anunciado en 2025 la construcción de 256 nuevos nichos, con una inversión cercana a los 197.680 euros, y además se licitó la fase II de ampliación y urbanización del cementerio con un presupuesto base de 404.227,67 euros. Es decir, la necesidad de actuar estaba identificada, cuantificada y en marcha. Pero incluso ahí lo que queda en evidencia es la falta de visión global: se parchea una parte, se corre con otra y se llega tarde a casi todo.
Por eso la crítica política debe dirigirse sin rodeos al máximo responsable del Ayuntamiento: Marco Aurelio Pérez. Porque no basta con presidir plenos y anunciar millones cuando la realidad aprieta. Gobernar también es mantener. Gobernar es prever. Gobernar es evitar que una situación se pudra hasta el punto de convertirse en un problema urgente. Gobernar es no angustiar a las familias con mensajes tardíos después de años sin explicaciones convincentes. Y ahí, una vez más, el alcalde suspende.
Lo más triste de todo es que hablamos de cementerios. De lugares sagrados para muchas familias. De espacios ligados a la memoria, al duelo y al respeto. Y en vez de tratarlos con la seriedad que merecen, este gobierno los ha acabado metiendo en su lógica habitual: la del retraso, la improvisación y la propaganda. En cualquier municipio serio, el mantenimiento de los camposantos sería una prioridad silenciosa, constante y responsable. Aquí, en cambio, termina convertido en otro episodio de gestión fallida.
San Bartolomé de Tirajana no necesita más sustos fabricados desde el despacho. No necesita que ahora se presente como dramático lo que durante años se toleró con pasividad. No necesita más humo. Necesita un gobierno que deje de actuar cuando ya no le queda otra salida. Y hoy, en este asunto, lo que queda retratado no es solo el estado de los cementerios. Lo que queda retratada es la incapacidad de un alcalde y de su gobierno para hacer las cosas a tiempo.
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No solo cementerios es un auténtico mentiroso en la política , engaña hasta a sus presuntos amigos y conocidos . Solo le importa él pero si lo quieren conocer de verdad en menos de un mes sale “un inocente a prision. Las mentiras de la operación Paraíso y queda retratado. Lo que le hace al Castillo de lucha canaria es inadmisible, intolerable y demuestra cuál es en realidad su catadura