La osteópata María Corbacho volvió a participar en El Batiburrillo de Radio Faro con una reflexión centrada en el estrés emocional y en cómo este termina repercutiendo directamente en el cuerpo, el descanso y la salud general. Durante su intervención, explicó que el estrés puede tener causas externas e internas, y que muchas veces se alimenta de situaciones prolongadas de mala convivencia, agotamiento, frustración, tristeza o sobrecarga personal.
Corbacho insistió en que el cuerpo avisa cuando algo no va bien. Entre las señales más habituales mencionó el insomnio, la sensación de agobio en la boca del estómago, la falta de aire, la pérdida de apetito, el aislamiento, la falta de ganas de hablar con nadie e incluso cambios importantes en el carácter. Según explicó, cuando una persona vive demasiado tiempo bajo tensión, sin descanso ni descarga emocional, el sistema nervioso se resiente y aparecen malestares que pueden terminar enquistándose.
Durante la conversación, la osteópata lamentó que muchas personas, en lugar de tomar acción, se queden instaladas en la queja, la autocompasión o el llanto permanente, algo que, lejos de resolver el problema, debilita todavía más. En este sentido, defendió la importancia de actuar con humildad, reconocer los límites del cuerpo y buscar apoyo antes de llegar a una situación de agotamiento mayor. También subrayó el valor del descanso, del ejercicio y del autocuidado como herramientas básicas para prevenir el colapso físico y emocional.
María Corbacho puso además el foco en una realidad que observa con frecuencia, especialmente en mujeres a partir de cierta edad: personas que han vivido durante años volcadas en los demás, disponibles para todo el mundo, pero olvidándose de sí mismas. A su juicio, ese desgaste acumulado pasa una factura muy alta y puede traducirse en dolores, tristeza, desmotivación y sensación de no sentirse valoradas dentro del entorno familiar.
La especialista fue especialmente crítica con los modelos de convivencia basados en el silencio, la sumisión y la falta de límites. Señaló que muchas personas callan para evitar conflictos, pero terminan acumulando malestar, rabia y frustración. También advirtió del daño que pueden hacer no solo las palabras, sino las malas miradas, los gestos de desprecio y las dinámicas familiares donde unos cargan con todo y otros simplemente exigen. Para Corbacho, aprender a reaccionar, poner límites y no permitir faltas de respeto es también una forma de cuidar la salud.
En su intervención, recordó además que no todas las personas responden igual a una misma situación ni todas necesitan el mismo tratamiento, y defendió que cada caso requiere escucha, observación y un abordaje adaptado. También adelantó que continuará desarrollando este asunto en próximas colaboraciones, profundizando en cómo determinadas terapias pueden ayudar a desbloquear el cuerpo y aliviar parte de esa carga emocional acumulada.
Con este espacio, María Corbacho volvió a poner sobre la mesa un mensaje claro: ignorar el malestar emocional, normalizar el agotamiento o vivir sin límites acaba pasándole factura al cuerpo.
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