Vecinas del barrio destacan la unión del pueblo, la recuperación de la antigua ermita como símbolo y el deseo de crear una asociación para mantener vivas sus tradiciones.
El Poblado de San Fernando de Maspalomas vuelve a demostrar que la memoria de un barrio no se conserva solo en los libros, sino también en las manos de sus vecinos. Tras aquella primera cruz enramada que floreció como símbolo de unión vecinal en 2025, el barrio da un nuevo paso en la recuperación de sus tradiciones, volviendo a convertir el antiguo espacio de la iglesia en un lugar de encuentro, identidad y emoción colectiva.

Ana Teresa, vecina del Poblado desde los cinco años, recuerda con orgullo como esta iniciativa ha vuelto a reunir a quienes sienten este lugar como parte de su vida. “Estamos aportando un granito de arena para que estas tradiciones no se vuelvan a perder”, señala, emocionada al ver representados elementos tan simbólicos como la antigua ermita y el Faro de Maspalomas. Para ella, la ermita tiene un valor personal muy especial, ya que allí fue bautizada.
También Sabina Franco Hernández subraya que esta cruz enramada no es solo un adorno festivo, sino una forma de recordar que allí existió una parroquia, una vida comunitaria y una complicidad vecinal que no debe desaparecer. “Aunque no esté el edificio físicamente, espiritualmente hay algo nuestro aquí”, expresa, reflejando el sentimiento de muchas familias del Poblado.

Mari Carmen Rodríguez Alemán, una de las vecinas implicadas en la organización, destaca que esta ya es la cuarta cruz que realizan desde que comenzó la iniciativa. Agradece el apoyo de vecinos, colectivos y personas de otros puntos como El Tablero, porque entiende que esta tradición está sirviendo no solo para unir al Poblado, sino también para tender lazos con otros barrios.
Este año, la cruz incorpora una alegoría canaria, con elementos vinculados a la identidad del municipio: la ermita, el faro, las tradiciones populares y la memoria del antiguo Poblado. Además, se recupera el espíritu de la procesión de San Fernando el Chico, con la intención de que el santo vuelva a ser acompañado desde la Ermita de la Casa Condal hasta la iglesia de San Fernando, recordando una tradición que muchos vecinos guardan todavía en la memoria.

La iniciativa vecinal no quiere quedarse en un gesto puntual. Mari Carmen adelanta que, tras las fiestas, la intención es avanzar en la creación de una asociación que permita trabajar con más fuerza en la recuperación de las raíces y tradiciones del Poblado de San Fernando. Un paso importante para que estas acciones no dependan solo de la voluntad de unas pocas personas, sino que puedan consolidarse como proyecto colectivo.
La cruz permanecerá expuesta mientras las flores se mantengan en buen estado, convertida también en un espacio para la fotografía, el recuerdo y el respeto. Las vecinas piden cuidar el entorno y valorar el trabajo realizado, porque detrás de cada flor, cada detalle y cada símbolo hay horas de entrega, cariño y compromiso.

El Poblado de San Fernando vuelve así a enramar mucho más que una cruz: enrama su memoria, su identidad y esa unión vecinal que, pese al paso del tiempo, sigue viva entre quienes se niegan a olvidar de dónde vienen.





