El nombramiento de Enac Pérez López vuelve a poner el foco sobre la presencia de familiares y allegados en la Administración municipal
Hay ayuntamientos que se entienden mirando un organigrama. Para seguir lo que ocurre en San Bartolomé de Tirajana, empieza a hacer falta también un árbol genealógico.
El último nombre en aparecer es el de Enac Pérez López, nombrado funcionario en prácticas como ingeniero industrial del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana tras superar el proceso selectivo convocado para una plaza del grupo A1.
La resolución municipal es clara: la plaza procedía de la Oferta de Empleo Público de 2024 y su provisión se realizó por turno libre mediante oposición.
El Tribunal Calificador hizo pública el 13 de agosto de 2026 la calificación definitiva del aspirante que superó el proceso y elevó posteriormente la propuesta de nombramiento. Enac Pérez López obtuvo una nota final de 7,855, después de tres ejercicios.
Por tanto, hay que decirlo sin rodeos: el expediente que tenemos delante no acredita una colocación a dedo. Estamos ante un proceso de oposición cuyo sistema selectivo estaba compuesto por tres ejercicios y representaba el 100 % de la convocatoria.
Pero aquí empieza la parte políticamente incómoda.
Según la información trasladada a este medio, Enac Pérez López sería sobrino de Mateo Pérez, secretario accidental del Ayuntamiento, y Mateo Pérez sería además primo hermano del alcalde de San Bartolomé de Tirajana, Marco Aurelio Pérez.
Y el árbol no terminaría ahí.
Siempre según la información facilitada a este medio, otros integrantes de esta misma familia desempeñarían igualmente funciones en departamentos como Secretaría y Alcaldía, incluyendo familiares directos entre sí y vinculados familiarmente también con el propio alcalde.
Estos parentescos no aparecen reflejados ni acreditados en la resolución administrativa del nombramiento, por lo que no pueden utilizarse para cuestionar por sí solos la legalidad del proceso selectivo.
Pero políticamente la fotografía merece alguna explicación.
Porque una cosa es preguntarse si un procedimiento es legal y otra muy distinta preguntarse qué imagen proyecta una Administración cuando los mismos apellidos aparecen una y otra vez alrededor de sus principales departamentos.
Y ahí es donde el gobierno de Marco Aurelio Pérez tiene un problema.
No necesariamente un problema jurídico.
Pero sí un problema de apariencia, transparencia y endogamia política.
Porque si el secretario accidental resulta ser primo hermano del alcalde; si el nuevo funcionario es sobrino de ese secretario; y si alrededor de Secretaría y Alcaldía aparecen otros miembros de esa misma familia, llega un momento en el que el ciudadano puede preguntarse legítimamente dónde termina el Ayuntamiento y dónde empieza la reunión familiar.
Más que consultar la Relación de Puestos de Trabajo, habrá quien tenga que pedir el libro de familia para orientarse por los pasillos municipales.
Y esa es precisamente la cuestión de fondo.
Nadie puede ser penalizado por sus apellidos. Nadie debe quedar excluido de una oposición por ser sobrino, primo, hermano o familiar de un cargo público. Si una persona gana legítimamente una plaza, sus derechos son exactamente los mismos que los de cualquier otro aspirante.
Pero tampoco puede pretenderse que la ciudadanía cierre los ojos cuando una Administración acumula alrededor del poder político una sucesión de vínculos familiares.
Porque las instituciones públicas no solo tienen la obligación de actuar con legalidad.
También deben preservar la imagen de imparcialidad.
Y cuanto mayor sea la proximidad familiar entre quienes gobiernan, quienes ocupan puestos relevantes y quienes acceden a la estructura municipal, mayor debería ser también el ejercicio de transparencia.
Marco Aurelio Pérez lleva muchos años al frente del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana y precisamente por ello debería ser el primer interesado en evitar que la casa consistorial termine proyectando la sensación de pertenecer a un círculo reducido de familias.
Porque cuando los primos aparecen en puestos relevantes, los sobrinos llegan a nuevos puestos y otros familiares trabajan alrededor de Alcaldía y Secretaría, la casualidad puede terminar convirtiéndose, al menos a ojos del ciudadano, en una costumbre.
Y cuando una costumbre se perpetúa alrededor del poder, aparece una palabra incómoda:
endogamia.
San Bartolomé de Tirajana tiene decenas de miles de vecinos y una Administración pública que debería representar a todos.
Por eso resulta legítimo preguntarse si existe demasiada concentración familiar alrededor del Ayuntamiento.
El nombramiento de Enac Pérez López puede estar respaldado por una oposición y por una resolución administrativa perfectamente reglada. Eso es lo que acredita el expediente.
Pero el debate político va mucho más allá de una sola plaza.
El debate es qué Ayuntamiento se está construyendo y qué percepción está dejando tras tantos años de gobierno.
Porque el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana no pertenece a los Pérez.
Ni a los primos.
Ni a los hermanos.
Ni a los sobrinos.
Ni siquiera a Marco Aurelio Pérez.
Pertenece a los vecinos.
Y quizá convendría recordarlo de vez en cuando.
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