En una nueva entrega de El Rincón de Quore, dentro de El Batiburrillo, la psicóloga Joselyn Herrera puso el foco en un miedo muy común y muchas veces silencioso: el temor a decepcionar a los demás.

Herrera explicó que esta necesidad de agradar suele comenzar desde pequeños, cuando aprendemos que determinadas conductas generan aprobación y otras pueden provocar rechazo. Con el tiempo, muchas personas terminan tomando decisiones pensando más en lo que esperan los demás que en lo que realmente quieren o necesitan.
La psicóloga propuso una pregunta sencilla para detectar cuándo estamos actuando desde el miedo: si supiéramos con certeza que nadie se va a enfadar, decepcionar o juzgarnos, ¿tomaríamos la misma decisión? Si la respuesta es no, puede ser una señal de que el miedo a la reacción ajena está condicionando nuestra elección.
La aprobación externa puede acabar gobernando nuestra vida
Joselyn Herrera señaló que existe una relación muy estrecha entre el miedo a decepcionar y la necesidad constante de aprobación externa.
Cuando nuestro bienestar depende de lo que los demás piensen o digan de nosotros, nuestra tranquilidad queda en manos de factores externos. Una crítica puede hundirnos y una felicitación puede hacernos sentir bien, pero en ambos casos estamos dejando que nuestra estabilidad dependa de terceros.
Aprender a decir “no” sin sentirnos egoístas
Otro de los puntos centrales fue la dificultad que muchas personas tienen para decir “no”.
Herrera explicó que a menudo asociamos poner límites con ser egoístas, especialmente cuando otras personas nos reprochan que estamos pensando únicamente en nosotros mismos. Sin embargo, insistió en que intentar agradar a todo el mundo es imposible y puede acabar generando ansiedad.
También aclaró que ser empático no significa olvidarse de uno mismo.
“Si yo, para que tú estés bien, tengo que sufrir yo, entonces tenemos un problema”, planteó, defendiendo que cuidar a los demás debe ser compatible con proteger nuestras propias necesidades.
La culpa aparece cuando empezamos a poner límites
La psicóloga reconoció que poner límites suele generar culpa, especialmente en personas que no están acostumbradas a hacerlo.
El miedo a que el otro se enfade, se aleje o deje de querernos puede provocar que terminemos cediendo y cuestionando incluso nuestros propios límites. Para Herrera, si una persona puede respetar aquello que necesitamos y decide no hacerlo, debemos preguntarnos qué tipo de relación estamos manteniendo.
También insistió en que los límites son personales. Lo que para una persona puede parecer una cuestión menor puede tocar una herida muy profunda en otra, por lo que no deben juzgarse desde la perspectiva de quien los recibe, sino desde la vivencia de quien los establece.
Familia, pareja y miedo a romper relaciones
El miedo a decepcionar puede llevarnos también a mantener relaciones o situaciones que ya no queremos.
Joselyn Herrera puso como ejemplo casos en los que familiares presionan para que una persona perdone una traición simplemente porque existe un vínculo de sangre. La psicóloga recordó que ser familia no significa tener permiso para sobrepasar todos los límites ni obliga a aceptar cualquier comportamiento.
En las relaciones de pareja ocurre algo parecido. Podemos terminar callándonos opiniones, aceptando comportamientos o renunciando a decisiones propias por miedo a que la pareja se enfade o nos abandone.
Herrera explicó que en algunas situaciones una persona puede llegar a preocuparse más por “qué dirán” los demás que por aquello que realmente ha ocurrido dentro de la relación.
La autoestima, clave para defender nuestros límites
La autoestima juega un papel fundamental.
Una persona con una autoestima más estable puede escuchar una opinión contraria sin modificar automáticamente su criterio. Sin embargo, cuando alguien se encuentra vulnerable, es más fácil que dude de sus decisiones, cambie sus límites o termine aceptando lo que otros quieren.
Es ahí, según Joselyn Herrera, cuando puede comenzar el daño emocional.
“No podemos agradar a todo el mundo”
Uno de los mensajes más claros del espacio fue que agradar a todo el mundo es imposible.
Que alguien se moleste porque ponemos un límite no significa necesariamente que ese límite esté mal. En muchas ocasiones, el problema puede estar en que la otra persona estaba acostumbrada a escuchar siempre un “sí”.
Para empezar a cambiar estas dinámicas, Herrera recomendó preguntarnos qué necesitamos nosotros y comenzar con pequeños pasos: decir “no” en situaciones sencillas, expresar lo que pensamos y exponernos poco a poco a que otras personas puedan no estar de acuerdo.
Con la práctica, explicó, llega un momento en el que somos capaces de marcar un límite con mayor seguridad y mantenerlo.
Nunca es tarde para cambiar
La psicóloga también habló de personas mayores que llegan a consulta arrepentidas de decisiones que no tomaron o caminos que no se atrevieron a seguir por miedo.
Su mensaje fue claro: nunca es demasiado tarde para cambiar. Incluso aunque una persona tenga 70 años, si puede vivir los próximos años de una forma más feliz, merece la pena intentarlo.
El espacio terminó recordando que el miedo a ser juzgados puede llegar a hacernos tomar decisiones que incluso sabemos que no nos convienen, y que aprender a conocernos es una de las herramientas fundamentales para actuar con mayor libertad y coherencia con nosotros mismos.
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