En su espacio El Rincón de Quore en Radio Faro, la psicóloga Joselyn Herrera abordó tres temas que, según explicó, están profundamente conectados: la voz crítica interior, el miedo a la soledad y los pensamientos intrusivos que aparecen especialmente cuando estamos vulnerables.

Joselyn definió la voz crítica interior como esa “voz interna” que nos juzga, exige y nos habla desde el error, haciendo que creamos que no podemos, que no somos suficientes o que todo nos va a salir mal. Aclaró que es normal y que todas las personas la tienen, pero el problema aparece cuando la dejamos actuar sin cuestionarla, porque entonces condiciona nuestras decisiones y termina afectando directamente a la autoestima, frenándonos, bloqueándonos y desmotivándonos.
Explicó que esta voz crítica no nace de la nada: se construye con experiencias, comparaciones, mensajes externos, críticas, exigencias y culpas. Y suele ser más dura con uno mismo que con los demás porque tememos fracasar, ser rechazados o quedarnos solos, por eso insistió en la importancia de aprender a hablarnos con más compasión, del mismo modo que sí empatizamos con una amiga, un familiar o alguien que vemos sufrir desde fuera.
Sobre el miedo a estar solos, señaló que muchas veces no es miedo a la soledad en sí, sino a lo que aparece cuando estamos en silencio: el exceso de vueltas a la cabeza, el “sobre pensar”, las inseguridades, recuerdos o emociones incómodas. Por eso muchas personas buscan distracciones constantes, como una “tirita” para no enfrentarse a lo que sienten. También diferenció entre estar solo (una situación) y sentirse solo (una vivencia emocional de desconexión), recordando que se puede estar rodeado de gente y, aun así, sentirse profundamente solo.
Uno de los puntos más contundentes fue cómo este miedo puede empujar a mantener relaciones que no hacen bien, por temor al abandono. Joselyn explicó que esa soledad emocional influye directamente en la dependencia emocional: cuando estar con alguien deja de ser una elección y pasa a ser una necesidad, se puede llegar incluso a aguantar daño, vejaciones o maltrato, simplemente por no quedarse solo. Compartió el ejemplo real de una persona que repetía relaciones de años con violencia porque el miedo a la soledad le podía más que el sufrimiento.
En cuanto a los pensamientos intrusivos, Joselyn los describió como ideas automáticas que se “cuelan” en la mente, a menudo absurdas o extremas, vinculadas a miedos e inseguridades. Recalcó que no definen a la persona y que lo que realmente nos define son los actos, no lo que pensamos en un momento de vulnerabilidad. Tener pensamientos intrusivos no significa querer hacerlos realidad; se pueden reconocer, frenar y romper.
También explicó por qué estos pensamientos se refuerzan: cuanto más intentamos evitarlos o luchar contra ellos con miedo, más atención les damos y el cerebro interpreta que “hay peligro”, entrando en un bucle. Para afrontarlos, recomendó una herramienta práctica: escribirlos, identificarlos y preguntarse si son reales o no, buscar evidencias, y aprender a etiquetarlos como “intrusivos” cuando no lo son, para poder frenarlos a tiempo. Y si aun así la persona siente que no puede controlar la situación, insistió en que lo adecuado es acudir a un profesional: el psicólogo no solo está para trastornos graves, también para procesar situaciones, aprender a gestionarse y conocerse mejor antes de llegar al límite.
Finalmente, recordó que atiende en el Centro Quore, en Arguineguín (C.C. La Marea), de lunes a viernes en horario de mañana y tarde, y que se puede contactar a través de Instagram y del teléfono de contacto que figura en su perfil, donde además comparte consejos y mensajes de ayuda.
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