Los Goya de Marco Aurelio: cuatro viajeros, cinco galas soñadas y una alfombra roja que acabó en Barcelona
Continuamos nuestro recorrido por el San Bartolomé de Tirajana que iba a ser, ese extraordinario municipio que durante 2025 crecía a una velocidad directamente proporcional al número de cámaras, presentaciones y proyectos todavía por ejecutar.
En nuestro primer capítulo apareció el gran auditorio de El Tablero.
Pero aquello era poca cosa.
Porque puestos a imaginar el futuro, ¿por qué conformarse con un auditorio cuando Marco Aurelio Pérez (PP) podía convertir Maspalomas prácticamente en la residencia habitual del cine español?
Y así llegamos a los Premios Goya.
En febrero de 2025, el alcalde se desplazó a Granada coincidiendo con la 39.ª edición de los premios para impulsar la candidatura de Maspalomas como futura sede.
Un mes después, representantes de la Academia visitaban el municipio y el sueño empezaba a crecer.
Primero se hablaba de 2026 y 2027.
Después apareció la intención de “anclar” los Goya al sur de Gran Canaria durante al menos cinco ediciones.
Cinco.
Porque cuando Marco Aurelio imagina el futuro, hacerlo solamente una vez debe parecerle una falta de ambición.
Durante unas semanas, Maspalomas parecía estar a punto de convertirse en residencia habitual del cine español.
Teníamos clima, teníamos hoteles, teníamos candidatura, teníamos promoción, teníamos incluso planes para cinco galas.
Faltaba únicamente un pequeño detalle: tener los Goya.
CUATRO BILLETES PARA ESTUDIAR UNA ALFOMBRA ROJA
Pero semejante operación cinematográfica no podía estudiarse desde un despacho.
Había que desplazarse a Granada.
Y entre el 7 y el 9 de febrero viajó una delegación integrada por Marco Aurelio Pérez, la concejala Elena Álamo, el técnico municipal Juan José Ramos y el comisario jefe de la Policía Local, Isidro Armas.
Cuatro personas.
Porque para estudiar cómo se organiza una gala cinematográfica, al parecer, toda ayuda era poca.
Naturalmente, el desplazamiento se realizó con cargo a fondos públicos.
La presencia del alcalde y de la responsable política del área puede entenderse dentro de una candidatura institucional.
Más interesante resulta conocer por qué era imprescindible que también viajaran un técnico municipal y el máximo responsable de la Policía Local.
Especialmente llamativo resulta el caso de Juan José Ramos.
Porque aquel técnico municipal tenía otra ocupación pública: era también concejal de AV-PP en el Ayuntamiento de Santa Lucía de Tirajana.
Y ahí aparece una pregunta bastante sencilla:
¿por qué él?
¿Qué responsabilidad concreta tenía en aquel momento respecto a la candidatura de los Goya?
¿Qué misión técnica justificó su desplazamiento?
¿Qué reuniones mantuvo?
¿Qué documento, informe, memoria o trabajo dejó posteriormente en el Ayuntamiento como resultado del viaje?
No debería existir ningún misterio.
Si el viaje tenía una finalidad profesional, la respuesta debería encontrarse fácilmente en cuatro palabras:
cometido, trabajo, informe y resultado.
EL COMISARIO Y LOS MISTERIOS DE LA ALFOMBRA ROJA
Pero faltaba todavía otro integrante de la expedición.
Isidro Armas, comisario jefe de la Policía Local.
Su cometido era estudiar cuestiones relacionadas con la seguridad, los dispositivos policiales, los accesos y la coordinación de un acontecimiento de estas características.
Una misión de enorme trascendencia.
Porque determinados secretos de la seguridad pública, por lo visto, quizá solo puedan descubrirse cuando aparece una alfombra roja.
Pero aceptemos la explicación.
Precisamente por eso resulta todavía más interesante conocer el resultado.
Si los contribuyentes pagaron un desplazamiento profesional del máximo responsable de la Policía Local para estudiar el dispositivo de seguridad de los Premios Goya, parece razonable preguntar:
¿Qué informe elaboró posteriormente?
¿Qué conclusiones obtuvo?
¿Qué procedimientos aprendidos en Granada se incorporaron después a los dispositivos de San Bartolomé de Tirajana?
¿Qué mejoras produjo aquel conocimiento?
Porque cuando el Ayuntamiento paga para que alguien adquiera conocimientos profesionales fuera de la isla, lo mínimo que cabe esperar es que el conocimiento también compre billete de vuelta.
El comisario regresó.
Ahora estaría bien conocer qué regresó con él.
LA EXPEDICIÓN QUE SÍ LLEGÓ A SU DESTINO
Y aquí comienza la parte cinematográficamente más interesante.
El alcalde llegó a Granada.
La concejala llegó a Granada.
El técnico municipal llegó a Granada.
El comisario llegó a Granada.
Hubo desplazamientos, alojamiento, manutención y los correspondientes gastos asociados a la delegación.
Es decir, la expedición municipal sí consiguió llegar a su destino.
Los que finalmente no consiguieron llegar al nuestro fueron los Goya.
La edición de 2026 se celebró en Barcelona.
Resulta difícil encontrar una metáfora mejor.
San Bartolomé de Tirajana puso cuatro viajeros en Granada y Barcelona terminó poniendo la alfombra roja.
Mientras tanto, aquella formidable aspiración de “anclar” los premios durante cinco ediciones fue abandonando poco a poco el primer plano.
Cinco galas soñadas.
Cuatro viajeros.
Y, de momento, cero Goyas en Maspalomas.
El cine tiene estas cosas.
A veces el tráiler promete muchísimo y luego la película toma otro camino.
DINERO PÚBLICO, CRÉDITOS FINALES PÚBLICOS
Que San Bartolomé de Tirajana intentara atraer los Premios Goya no tiene nada de extraordinario ni de criticable.
Un destino turístico debe intentar captar acontecimientos capaces de generar promoción, actividad económica y proyección exterior.
La cuestión es otra.
Cuando para perseguir ese objetivo se utilizan recursos públicos, también parece razonable que los ciudadanos conozcan qué produjo exactamente la operación.
¿Qué reuniones se celebraron?
¿Qué posibilidades reales trasladó la Academia?
¿Qué trabajos realizaron los integrantes de la delegación?
¿Qué informes dejaron Ramos y Armas?
¿En qué quedó la aspiración de cinco ediciones?
¿Continúa existiendo alguna candidatura?
Y, finalmente:
¿cuánto costó en total la operación Goya a las arcas municipales?
No solamente los billetes.
Todo.
Porque si una candidatura se promociona públicamente cuando comienza, también debería explicarse públicamente qué ocurrió cuando no termina como se esperaba.
Cuando el viaje se paga con dinero público, los créditos finales también deberían ser públicos.
GRANADA TUVO LA DELEGACIÓN. BARCELONA, LOS GOYA
Y así regresamos a el municipio que iba a ser.
El Tablero tendría su gran auditorio.
Maspalomas tendría los Goya.
No uno.
Hasta cinco.
Y ahora Sonnenland y Campo Internacional vuelven a contemplar magníficas presentaciones de cómo quedarán sus barrios cuando terminen las actuaciones anunciadas.
El problema para Marco Aurelio es bastante sencillo:
los vecinos tienen hemeroteca.
Pueden comprobar lo que se anunció.
Pueden recordar las fotografías.
Pueden recuperar los titulares.
Y pueden compararlos con lo que finalmente ocurrió.
Quizá eso ayude a comprender por qué algunos vecinos han empezado a utilizar públicamente para el alcalde un sobrenombre bastante menos cinematográfico:
“Marco el vendehumo”.
El calificativo pertenece a quienes lo utilizan y podrá parecer más o menos acertado.
Pero el gobierno municipal debería preguntarse por qué ha aparecido.
Porque de aquella gran aventura cinematográfica ya conocemos al menos dos destinos:
Granada recibió a la delegación de San Bartolomé de Tirajana.
Barcelona recibió los Premios Goya de 2026.
Maspalomas recibió el sueño de poder acogerlos.
Y después de tantos grandes estrenos del San Bartolomé de Tirajana que iba a ser, quizá haya llegado el momento de cambiar de género.
Menos ciencia ficción.
Y un poco más de documental.
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