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UNA VENTANA AL CIELO

La UNESCO reconoce a las Islas Canarias como una de las “ventanas al cielo” del planeta. Gran Canaria es una extraordinaria ventana al cielo. La defensa de la calidad del cielo nocturno como un derecho de todos y de los valores culturales, naturales y paisajísticos asociados a la visión del firmamento, así como la promoción del turismo relacionado con la observación de las estrellas, se ha convertido en un eje de actuación del Gobierno de Gran Canaria para avanzar en la diversificación de la oferta turística y para propiciar nuevos atractivos para los hombres y mujeres de esta isla y para quienes nos visitan.

A lo largo de este mandato, el Cabildo ha dado pasos de gigante en esta línea, empezando por el proceso de incluir una buena parte de la zona central de la isla, bajo la denominación de “Paisaje Cultural de Risco Caído y los espacios sagrados de montaña de Gran Canaria” en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Los valores culturales asociados a la astronomía, al cielo de los antiguos canarios, constituyen uno de los núcleos centrales de la candidatura. Los primeros pobladores de esta tierra buscaban respuesta a sus inquietudes religiosas en lugares cargados de misticismo, espiritualidad y relacionados con los astros. Risco Caído, la necrópolis de Arteara, el Bentayga o Cuatro Puertas son algunos ejemplos significativos. Como dice la Declaración Starligh: “La Humanidad ha observado siempre el firmamento para interpretarlo y para entender las leyes físicas que gobiernan el universo y este interés en la astronomía ha tenido implicaciones profundas en la ciencia, la filosofía, las costumbres, y en nuestra concepción general del mundo”.

Consecuentes con esta línea de defensa del cielo nocturno y sus valores culturales y espirituales, el Pleno del Cabildo de Gran Canaria aprobó, el 28 de Octubre de 2016, la moción relativa a la adopción de los principios de la Declaración Starlight (Declaración de La Palma de 2007) y el compromiso de iniciar un proceso para la certificación de una amplia zona del centro montañoso de la isla como Destino Starlight. Lo han apoyado también todos los ayuntamientos y muchas organizaciones sociales. Asumimos así, como apunta el manifiesto, que “El derecho a un cielo nocturno no contaminado que permita disfrutar de la contemplación del firmamento, debe considerarse como un derecho inalienable de la Humanidad, equiparable al resto de los derechos ambientales, sociales y culturales”. Y reunimos las condiciones para ello: son espacios visitables, al menos el 50% de sus noches están despejadas, el cielo está oscuro, las estrellas se observan con nitidez… Y tenemos muchísimas razones para defenderlo porque, entre otras cosas, genera valores astronómicos para los profesionales y los aficionados, propicia la integridad ecológica y la biodiversidad, favorece la eficiencia energética, profundiza en la cultura, la mitología y la sensibilidad por el firmamento, pone en valor los patrimonios tangibles e intangibles, conciencia sobre la necesidad de la protección del paisaje y contribuye a la salud y el bienestar, la salvaguarda de la diversidad cultural, la diversidad biológica, la conservación del patrimonio cultural y  la lucha contra el cambio climático…

Esta isla nuestra posee espacios privilegiados, escasamente contaminados en términos lumínicos, que permiten contemplar las estrellas y realizar actividades astroturísticas en imponentes escenarios naturales, como los que jalonan la Reserva de la Biosfera (el 46% del territorio insular, más de 100.000 hectáreas protegidas, 65.000 terrestres y 35.000 marinas) y los entornos de la Caldera de Tejeda. Gran Canaria dispone de unas condiciones extraordinarias para hacer valer unas características ambientales únicas. Y las tiene que hacer valer. En muy pocos lugares del planeta encontramos tal conjunción de excepcionales recursos naturales y culturales asociados a la visión del cielo. Estamos ante unos parajes dotados de firmamentos nítidos que se despliegan en escenarios geológicos y naturales imponentes, y que acogen, además, elementos relacionados con la cultura astronómica de nuestros antepasados. Estos factores refuerzan, sin duda, las cualidades y oportunidades para el desarrollo de nuevas formas de turismo del conocimiento, respetuoso con la cultura y el territorio.

Igual que la economía internacional se diversifica y los sectores se van especializando, debemos ir más allá del tradicional turismo de masas que busca sol y playa (o, para ser más exactos, sol, piscina y restaurantes con el estandarizado modelo del todo incluido en el que el visitante ve exactamente lo mismo si está en Canarias, en el Caribe o en el norte de África). Paralelo a ese modelo, sobre el que se ha sustentado el desarrollo turístico grancanario en las últimas décadas, apostamos por dar los pasos necesarios para consolidar nuevas vías: estamos hablando del turismo ecológico, el turismo verde, el turismo cultural, el turismo deportivo, el agroturismo, el turismo gastronómico, el turismo activo, el astroturismo y muchas otras variables sustentables que deben ser un reclamo para un público potencial cada vez más exigente con la preservación del medio. Sin renunciar, por supuesto, al atractivo de nuestras playas, de nuestro sol, de nuestro clima, de la acogida de nuestra gente…

En este contexto, entendemos que el fomento del turismo de las estrellas o astroturismo, así como la promoción del patrimonio natural y cultural astronómico asociado a la visión del cielo, puede constituirse en un nuevo motor para la puesta en valor y la conservación de nuestro legado, diversificando nuestra oferta a los visitantes en clave de sostenibilidad y abriendo, al mismo tiempo, nuevas ventanas al conocimiento, a la educación y al disfrute de la población.

La generación de nuevos productos turísticos basados en la observación del firmamento, la cultura astronómica y los fenómenos de la noche, forja posibilidades insospechadas de cooperación entre los actores turísticos, las comunidades locales y las instituciones científicas. Está claro que no debemos olvidar que estas iniciativas deben tener como principales protagonistas y beneficiarios a los municipios de la zona, que al fin y al cabo han sido y serán los garantes de este patrimonio común. Estamos trabajando estrechamente con ellos, como en el caso de Risco Caído. Tejeda, Artenara, Agaete y Gáldar están haciendo esfuerzos considerables para adaptar el alumbrado público a esta iniciativa y desde el Patronato de Turismo, como coordinador de la propuesta, se trabaja también con otras áreas insulares (Cultura, Medio Ambiente…) para poner en marcha medidas de control, eficiencia y reducción de la contaminación del alumbrado público,  generar acciones de formación, diseñar infraestructuras especializadas, definir el producto turístico, difundir y promocionar el espacio, realizar convenios con entidades científicas y públicas, establecer vínculos y acuerdos con el sector turístico, diseñar una gobernanza común del destino…

Sabemos que aprovechar plenamente estas oportunidades también conlleva nuevos compromisos, en particular los que conciernen a la adaptación inteligente de los sistemas de iluminación, de tal forma que eviten la contaminación lumínica de nuestros cielos. Es un reto en favor de la innovación y también un objetivo en términos de política energética sostenible que se resume en la consigna acuñada por la Iniciativa Starlight de “ahorrar energía y recuperar las estrellas”.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Generaciones Futuras afirma que las personas pertenecientes a las generaciones venideras tienen derecho a una tierra indemne y no contaminada, incluyendo el derecho a un cielo limpio, y a disfrutar de esta Tierra que es el soporte de la historia de la humanidad, de la cultura y de los lazos sociales, lo que asegura a cada generación y a cada individuo su pertenencia a la gran familia humana. Estamos pues, ante el desafío de conservar el cielo de los primeros pobladores isleños para las generaciones presentes y futuras y ante el apasionante reto de abrir nuevas e imaginativas vías de desarrollo local basadas en el turismo sostenible.

Antonio Morales Méndez

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