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Las asociaciones vecinales de San Bartolomé de Tirajana denuncian el bloqueo de las subvenciones y alertan del riesgo para las fiestas de los barrios

La incertidumbre vuelve a golpear a las asociaciones vecinales de San Bartolomé de Tirajana. A pocas semanas del arranque de varias fiestas populares en los barrios, los colectivos siguen sin conocer el importe de las subvenciones municipales con las que deben organizar sus programas festivos, contratar actuaciones y garantizar servicios básicos. Una situación que, según denuncian, se repite año tras año y que está poniendo en riesgo no solo los festejos, sino también la convivencia, la tradición y la vida social de muchos núcleos del municipio.


Así lo trasladaron en Radio Faro Román Suárez Olivero, presidente de la Asociación de Vecinos FAMARA de Aldea Blanca, y Óscar López Martín, presidente de la Asociación de Vecinos Amurga de Juan Grande, quienes expresaron su malestar ante la falta de respuestas por parte de la Concejalía de Festejos y del Ayuntamiento. Ambos coinciden en que han presentado la documentación en plazo, tras haber sido convocados en diciembre a una reunión en la que se les aseguró que este año el procedimiento sería más riguroso y permitiría conocer las cuantías con antelación. Sin embargo, a mediados de abril, aseguran que siguen exactamente en el mismo punto: sin cifra, sin resolución y sin margen real para planificar.
En el caso de Aldea Blanca, la preocupación es máxima. Sus fiestas en honor a la Virgen de Fátima comienzan el próximo 8 de mayo y, según explicó Román Suárez, todavía no sabe con certeza con qué cantidad podrá contar para arrancarlas. La falta de información le impide cerrar contratos, encargar programas de imprenta o comprometerse con actuaciones, feriantes y proveedores. “No quiero engañar a ningún padre de familia”, vino a resumir el representante vecinal, aludiendo también a todas esas personas que dependen de estas celebraciones para trabajar y generar ingresos.
En Juan Grande, aunque el calendario da algo más de margen porque las fiestas arrancan el 19 de junio, la situación es similar. Óscar López denunció una “total falta de información” y lamentó que tampoco hayan recibido una respuesta clara pese a haber cumplido con todos los trámites requeridos. A su juicio, el nuevo sistema de subvenciones por concurrencia competitiva puede ser correcto en teoría, porque aporta más transparencia que el modelo anterior, pero en la práctica está fallando por la falta de rigor administrativo y por la ausencia de una resolución en tiempo y forma.
Ambos representantes vecinales insistieron en que no están cuestionando la existencia del sistema de subvenciones, sino la manera en la que se está gestionando. Recuerdan que el objetivo de este mecanismo era precisamente acabar con la improvisación, evitar arbitrariedades y permitir que las asociaciones pudieran trabajar con previsión. Sin embargo, denuncian que la realidad es otra: se acercan las fechas de las fiestas y no saben ni cuánto dinero recibirán ni en base a qué criterios se está repartiendo el presupuesto.
Además del problema económico, los presidentes de las asociaciones pusieron sobre la mesa otras carencias estructurales que, aseguran, agravan todavía más la situación. Entre ellas, la falta de cuadros de luz en los escenarios municipales, lo que obliga a recurrir a grupos electrógenos, boletines técnicos y certificados que terminan pagando los propios colectivos con cargo a la subvención de festejos. Es decir, denuncian que una parte importante del dinero que debería destinarse a cultura, tradición y programación festiva acaba empleándose en cubrir deficiencias de infraestructura municipal.
Román Suárez explicó que en Aldea Blanca cada actividad en la plaza implica tener que buscar soluciones provisionales para el suministro eléctrico, mientras que Óscar López recordó que en Juan Grande este problema se arrastra desde hace años, sin que el Ayuntamiento haya dado una solución definitiva. A ello se suman otros gastos como planes de seguridad, ambulancias, montaje de banderas, maquinaria o instalación técnica, lo que reduce de forma drástica la capacidad real de las asociaciones para confeccionar unas fiestas dignas.
Los representantes vecinales también denunciaron el desequilibrio que, a su juicio, existe entre los grandes eventos municipales y las fiestas de los barrios más pequeños. Consideran que mientras algunas celebraciones municipalizadas cuentan con cobertura económica total, los núcleos como Aldea Blanca o Juan Grande tienen que multiplicar esfuerzos para sacar adelante unas fiestas básicas, recurriendo además a aportaciones de vecinos, publicidad privada y trabajo voluntario. En esa línea, reivindicaron que los barrios pequeños no pueden seguir siendo “los patitos feos” del municipio, porque también forman parte de la identidad de San Bartolomé de Tirajana y contribuyen a sostener su vida comunitaria.
El mensaje de ambos fue especialmente claro al hablar de las consecuencias que esta situación puede tener a medio y largo plazo. Advirtieron de que el cansancio acumulado puede terminar desmotivando a quienes hoy sostienen de forma altruista la organización de las fiestas y otras actividades durante todo el año. Y si eso ocurre, alertan, no solo peligran unos festejos concretos: está en juego la cultura popular, la tradición, la convivencia entre vecinos y la propia esencia de los pueblos y barrios del municipio.
Por ello, reclamaron una solución urgente para este año y una planificación seria de cara al futuro. Su petición es concreta: conocer las cuantías de las subvenciones entre finales de enero y principios de febrero, de forma que los colectivos puedan trabajar con seguridad, anticipación y responsabilidad. También piden más sensibilidad política, una gestión administrativa eficaz y un trato igualitario para todos los barrios, con independencia de su tamaño o peso electoral.
Mientras tanto, en Aldea Blanca y Juan Grande la incertidumbre sigue creciendo. Los vecinos preguntan, los feriantes llaman, las imprentas esperan y las asociaciones continúan sin una respuesta definitiva. En municipios donde las fiestas de barrio siguen siendo un pilar de identidad y convivencia, el malestar no deja de aumentar ante la sensación de abandono institucional.

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